Han
sido duras las derrotas electorales que ha debido enfrentar el Gobierno
del Presidente Gabriel Boric Font. La primera fue la más ideológica con
el Plebiscito de Salida el 5 de septiembre del año pasado y la reciente
el 7 de mayo cuando las listas de consejeros constitucionales del
oficialismo cayeron ante Republicanos. Ya ha pasado poco más de un año y
tres meses desde que asumió el Mandatario y en este lapso han sido más
los lamentos y las quejas de la ciudadanía, en especial acá en
Magallanes donde no nos hemos visto favorecidos en nada. Muchos culpan
de ello a las derrotas electorales. La gente se aburrió, se cansó de
esperar. Debemos tener una absoluta claridad de que el mundo tras la
pandemia del Coronavirus
será definitivamente otro. En Chile ya lo estamos sintiendo
fuertemente, con un país más pobre y con una brecha de desigualdad que
se ha ido ampliando. Se ha producido un retroceso inimaginable. América
Latina y el Caribe son los más afectados y nuestro país uno de los que
sufren la peor caída, porque nuestra crisis incluso partió meses antes
que en el resto. El informe de Naciones Unidas “El impacto del Covid-19
en América Latina y el Caribe”, basado en datos obtenidos por la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dependiente
del organismo global, afirmó que la llegada de la pandemia, justo en
momentos de dificultades económicas en varios países de la región,
provocará una contracción del PIB regional de 9,1%, en lo que será la
“mayor recesión económica en 100 años”, impulsada principalmente por una
caída del 20% de las exportaciones y el envío de remesas, además de la
disminución del turismo, que representa una parte importante del empleo
en varios países del territorio. En Chile todo ello ha repercutido
además con una alta inflación que ha provocado un aumento constante en
los precios de los alimentos. Y es que la tasa de pobreza en el Mundo
crecería 13 puntos porcentuales a fines de 2023, hasta alcanzar el 37,2%
de la población, lo que se traduce en 230 millones de personas,
mientras que la pobreza extrema pasaría del 11% al 18,5%, un total de 96
millones de personas. Y en Chile el fenómeno ya se aprecia fuertemente
en las calles. Desde la década de 1980 que no veíamos personas pidiendo
alimentos y ello ya lo vemos incluso en una ciudad como Punta Arenas que
por mucho tiempo no estuvo acostumbrada a que personas en situación de
calle perdieran la vida. En un año han muerto dos de ellos, en las
gélidas noches del centro de la capital regional.