Compromiso tributario para el progreso de Chile

Cuando
compramos un bien o servicio, físico o intangible, desde alimentos,
ropas y libros, hasta la suscripción en Netflix o Spotify, usted y yo
pagamos impuestos. Por comprar pagamos impuestos, por vender pagamos
impuestos, por los ingresos, por los cigarrillos y hasta por una
cerveza. Aún después de pagar una hipoteca, dependiendo del valor
económico de su propiedad, habrá que pagar mayores o menores
contribuciones, digamos que… por siempre, incluso hasta su muerte, bajo
el llamado impuesto a la herencia.

Por
ejemplo, de la bencina que usted paga, si el litro cuesta $1.000 pesos
(como se puede encontrar por estos días en algunas regiones del país),
el 32% corresponde al Impuesto Específico, y como si fuera poco, también
usted debe pagar IVA (11%). Por ende, el precio del litro de bencina
sin impuestos es cercano a los $700 pesos. Y si tiene ganas de importar,
visualizó un producto que le llamó la atención en Amazon u otra
plataforma, debe considerar un 6% extra por derechos de importación como
mínimo. Si quiere comprar una casa, además de considerar el pago de las
contribuciones futuras, debe considerar el impuesto de Timbres y
Estampillas, o si es empresario debe considerar un 27% de impuesto a la
renta sobre sus utilidades. Y si fuera poco, también pagamos el famoso
Impuesto Global Complementario, que, dependiendo de sus ingresos, puede
pagar entre 0 y 35%.

Si
aún no le impactan los impuestos que paga, se lo presento de otra
forma. Al 2018, aproximadamente cualquiera de nosotros en promedio
trabajaba 70 días solamente para pagar impuestos, para financiar al
Estado y su burocracia, y eso era hace 3 años. Esto, sin duda, es
absolutamente preocupante, pues el tamaño del Estado e impuestos
sucesivos en los últimos 28 años ha crecido de forma constante, con
alzas transitorias que se convierten en permanentes y un sin número de
nuevos impuestos que han ido apareciendo.

Por
eso es que a algunos políticos y burócratas les resulta fácil prometer
soluciones utópicas y aspiraciones sociales con su dinero y el mío. Que
no sorprenda que algunas candidaturas actuales, desde candidatos a
diputado a presidenciables, prometen el cielo, mar y tierra, pues dicen
ellos que “será pagado con mayor gasto público”, y esto el Estado solo
lo puede financiar de dos formas: con impuestos o con deuda pública. La
primera es el camino corto, los impuestos suben para financiar ese mayor
gasto público. La segunda, el camino largo, es que el Estado se
endeuda, pero en el mediano y largo plazo adivine qué, alguien tendrá
que pagar esa deuda, y probablemente también con más y mayores impuestos
para los chilenos.

Esto
nos ha motivado, como fundación Ciudadano Austral, a impulsar el
proyecto llamado Compromiso Tributario para el Progreso de Chile, el
cual invita a los candidatos a diputado, senador o presidente a
comprometerse con los contribuyentes chilenos, que en el caso de ser
electos, no votan la creación de nuevos impuestos; no aumentan los
impuestos existentes; y que busquen siempre opciones para reducir las
cargas tributa
rias actuales, que como observamos en los primeros párrafos son excesivos y engorrosos.

Ya
son cerca de 30 los candidatos al Congreso Nacional que han decido
comprometerse con los contribuyentes, y también un candidato
presidencial. Este compromiso apunta a disminuir la carga tributaria
actual y alivianar esta pesada mochila que las personas, emprendedores y
empresas deben llevar día a día. Nuestra fundación sigue en
conversaciones con candidatos de diferentes regiones del país para
concretar más firmas, pero el llamado es abierto, e invitamos también no
solo a los candidatos de la Patagonia a sumarse a este Compromiso
Tributario, sino que también lo invitamos a usted, querido lector, que
le exija a su candidato que se comprometa con el progreso de Chile, con
la disminución de los impuestos y menores cargas tributarias para todos
los chilenos.

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