La
ONU proclamó el mes de mayo como el mes de la diversidad biológica, con
el objetivo de aumentar la comprensión y la conciencia en torno a los
problemas actuales relacionados a la multiplicidad de especies que
cohabitamos en el mundo. La biodiversidad es el gran hilo que teje y da
vida a nuestro planeta, y nosotros, como humanos, no somos ajenos a
esto. Hoy más que nunca, debemos internalizar en lo más profundo de
nuestra conciencia que una biodiversidad sana es la base de nuestro
bienestar como especie.
Bajo
ese entendido, los parques nacionales juegan un rol fundamental, al ser
espacios protegidos en donde todas las comunidades de vida pueden
prosperar. Estos refugios presentan la máxima categoría de protección y
son la garantía más sólida de resguardo de un ecosistema a la
posteridad.
El
caso de la Ruta de los Parques de la Patagonia, es un modelo a largo
plazo de cuidado de la naturaleza que va de la mano con el bienestar de
las comunidades. Con sus 11,8 millones de hectáreas protegidas como
parque nacional, es realmente excepcional. Este territorio alberga una
rica biodiversidad, posee un alto valor ecológico por el nivel de
endemismo de sus bosques templados lluviosos, subantárticos, humedales,
campos de hielo y el sistema de fiordos más extenso del planeta. Estos
ecosistemas presentan baja influencia humana y son refugio de especies
en peligro como el huemul. Además, es uno de los sumideros de carbono
más ricos de Sudamérica. Según datos de National Geographic Society, los
17 parques que hay entre Puerto Montt y Cabo de Hornos almacenan 6.608
millones de toneladas métricas de carbono, casi tres veces más carbono
por hectárea que los bosques de la Amazonía.
Con
esta información sobre la mesa, resulta fundamental generar esfuerzos
conjuntos para sensibilizar a la sociedad respecto a los parques
nacionales como espacios fundamentales en los tiempos de hoy, en el que
los impactos del cambio climático son cada vez más evidentes. Facilitar
espacios de educación y reflexión multidisciplinaria, Impulsar el
aprendizaje de la naturaleza in situ y propiciar la articulación
comunitaria para que sean los mismos vecinos y vecinas quienes se
empoderen en el cuidado y protección las áreas silvestres protegidas,
puede ser una de las herramientas más poderosas para resguardar nuestro
máximo tesoro: la biodiversidad y toda esta intricada red de vida de la
que somos parte.