Comunismo hoy (1)

En
medio de la vacunación masiva y de la desinformación que le hace creer
al mundo que nada más ocurre y nada más tiene importancia, y en medio de
un año brutalmente electoral que marcará a generaciones por delante, he
decidido desarrollar este concepto que como tal casi no se utiliza,
porque se inventaron sinónimos y equivalentes que están en boga
permanentes pero muy pocos entienden sus significados. También porque me
doy cuenta que la clase dirigente de nuestra patria, y que cada día
dirige menos, aunque creen que si lo hacen, demuestran en sus
actuaciones su ignorancia vergonzante. Lo más aberrante sería que solo
fingieran esa ignorancia pues entonces serían cómplices de lo que está
pasando. Precisamente porque la mayor habilidad de quienes están detrás
es pasar ocultos, y alarma ver a esos sectores que dicen ser “de
derecha” arrastrándose para congraciarse con la avalancha neocomunista
que está arrasando al país y a parte del planeta.


El término comunismo conceptualizado por Karl Marx en el siglo XIX se
refiere a una futura sociedad ideal sin clases, en que desaparecen los
ricos y los pobres, la propiedad privada pero también la pública como
hoy la entendemos porque desaparece el Estado, pero en que de manera
antinatural acorde la naturaleza humana, todo pasaría a ser de todos por
igual. Supongo cepillo de dientes incluido. Pero este estadio utópico
“ideal” tendría un intermedio: el socialismo. Un “purgatorio” de las
culpas del “capitalismo”, término acuñado por Marx en “Das Kapital”.
Nunca se supo de algún país que superara ese socialismo y alcanzara el
comunismo, el “nirvana” de la izquierda planetaria.


Con esa doctrina escrita por Marx, que por cierto toma fuentes de
otros autores, como “teoría” política se desarrollan en la Europa de la
segunda mitad del siglo XIX los movimientos del “socialismo científico”,
a los que suma a comienzos del siglo XX la “praxis” revolucionaria de
Lenin. Sí, porque la entronización del socialismo exige una
“revolución”, es decir, una alteración sustancial de los acontecimientos
y de la Historia humana que requiere sea reescrita y replanteada. “La
historia comienza con la revolución” es un dogma intransable, y hasta el
día de hoy está en la esencia del planteamiento contemporáneo de la
“descolonización” que Ud. ha podido ver en nuestras ciudades violentadas
desde octubre de 2019. Todo tiene que ser deconstruido, la Historia no
es más que un cumulo de injusticias, errores y horrores, todo tiene que
hacerse de nuevo. Esta es la esencia del sentido de revolución comunista
en su primera etapa socialista.


Marx decía que esa revolución la harían los trabajadores como “clase
proletaria”, los proletarios oprimidos que se levantarían contra el
capitalismo. Cosa curiosa, la revolución bolchevique se hizo en un país
sin obreros, agrario, muy atrasado, en que los campesinos se opusieron y
fueron masacrados por millones, y la toma del poder se llevó a cabo por
el derrotado Ejército Rojo manipulado por activistas infiltrados,
“operadores políticos”, como se les llama hoy. Y la revolución
anticapitalista fue financiada por los riquísimos banqueros Rothschild y
Milner, entre otros. El mito original pareció desvirtuado entonces.


Pero por lo mismo hoy podemos comparar: si la revolución primigenia
no se realizó en un estado industrial ¿por qué es Chile hoy, un país
modelo de avance económico y social incluso, que se acercó bastante al
mundo desarrollado, puede ser el “modelo” del socialismo del siglo XXI?
¿No era acaso que socialismo y pobreza creciente iban de la mano? ¿No se
hacía la revolución en aras de “los pobres” que eran la mayoría? Algo
no cuadra parece. Pero sí cuadra, lo que ocurre es que tanto Rusia
Zarista como Chile OCDE tienen elementos comunes que han aprovechado muy
bien los insurgentes insurrectos: una clase política dirigente mediocre
y corrupta, en muchos casos, ambos elementos. De la Corte Romanov con
Rasputín a la Moneda Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera, como símbolo de
una “elite” política del más bajo nivel, un simple “club de amigos”, hay
similitudes. En ambas cofradías no se ha entendido nada ni menos
anticipado lo que ocurriría, y tampoco hubo valor y coraje para
enfrentarlo cuando era tarde. Porque no se quiere entender que el
comunismo no es un partido ni un movimiento o varios: es una
conspiración.

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