“Los
derechos humanos son un invento de la CIA y el Imperialismo”. Fue la
respuesta que un activista comunista me dio a mediados de 1973 cuando le
discutí que en Rusia y Cuba se violaban tales derechos. Lo que sigue es
Historia, pero baste para demostrar que el comunismo no es una
ideología, tiene una, mutable, que se adapta a cada época y lugar.
Tampoco es un partido, el PC chileno es una pieza de museo político, ya
que se sabe nunca han ganado el poder a que aspiran en la vía
democrática. No aún. Hoy día, el comunismo ya se incomoda con ese
nombre, pasado de moda, si, porque se contradice que sus postulados hoy
en boga, que urgen por un Estado cada vez mas poderoso en todo sentido
subsumido en un nuevo orden o supra estado global, mas que en la
propiedad de los medios de producción como fue la meta aparente en el
siglo XX, en el control total de la vida humana, en la destrucción de la
familia, la desaparición de la disidencia, la sumisión a un “nuevo
orden mundial”. Claro, más de alguien conocedor de las doctrinas
“clásicas” de Karl Marx podría reclamar qué sentido tiene hacer crecer
al Estado si en el comunismo no debería existir el Estado…. Mejor
olvidarse de eso parece.
Por ello es que hoy es más correcto y comprensible hablar en vez de
comunismo, de una conspiración mundialista contra el orden y la Historia
de la humanidad, un plan tan ambicioso que el mismo Marx quizás no se
atrevió a imaginar. Él planteaba que el “capitalismo” haría cada vez mas
ricos a unos pocos y más pobres a las grandes masas, capitalista versus
proletarios, y concibió en dicha confrontación amo-esclavo en la
antigüedad, propietario-proletarios en su época, el motor de la Historia
humana. Pero esa predicción como muchas otras de su época como las de
Malthus, fallaron. Las revoluciones industriales y no obstante el
aumento de la población humana, aumentaron la riqueza a niveles
insospechados solo un siglo antes, de tal manera que en la segunda mitad
del siglo XX un “obrero” de una nación desarrollada vivía
significativamente mejor que cualquier monarca de la era preindustrial.
Fue por ello que los “socialismos reales” del siglo XX terminaron
derrumbándose de variadas formas por su divorcio de la realidad. Los
proletarios aspiran a la propiedad, y la logran. Solo han sobrevivido
como tales verdaderas “islas prisión”, como Cuba y Corea del Norte.
China abdicó del estatismo económico, desató una nueva forma de
capitalismo que provee de riqueza su aparataje totalitario
expansionista.
Esa antigua aversión por los derechos humanos fue
cambiada por la entronización primero y captura del tema después, así
como la penetración lenta pero absoluta, de los organismos
internacionales, por individuos ligados no al comunismo abiertamente
porque suena “feo”, sino al socialismo, al “progresismo” (hacia la nada)
y otras manifestaciones de esa características del fenómeno de la
revolución ahora ya “neomarxista”, más marxista que Marx, pretendiendo
una refundación de las bases humanas acaso hasta de su ADN, y que se ha
ido construyendo
entre dos a tres generaciones “desde abajo”, aplicando los parámetros
gramscianos de lograr la “hegemonía cultural” de manera tal que el
socialismo se establezca como una consecuencia “lógica” de lo que las
masas aceptan como su vida y creencias diarias. Ya no más una imposición
desde la “superestructura” y por la fuerza de las armas. Las
revoluciones estilo cubana quedaron en el pasado. Ahora cambian la forma
de hablar, con eso dirigen el pensamiento. Presentan anhelos de ínfimas
minorías como aspiraciones de mayorías. Invierten los valores en una
predica constante de los disvalores. Lo bueno pasa a ser malo y
viceversa. A través de la infiltración en lo publico y también en lo
privado, se protegen primero, después promueven, y cuando llega el
momento aparecen. Y cobran lealtades.
El mito decimonónico de la revolución de los pobres se invierte. Hoy
en día las más grandes empresas del mundo son las tecnológicas. Y son de
izquierda. La tecnología invadió y controla al mundo. El aborto, la
reducción
de la población mundial, el control de la información, la cancelación
de los disidentes, la supresión de las soberanías nacionales, la
migración dirigida y planificada mundialmente. Viene el Nuevo Orden. La
conspiración parece triunfar al fin.