Al
igual que después de la segunda guerra mundial, el mundo se encuentra
en una tirante guerra fría, dividido entre dos fuerzas. Una, la del
globalismo aspirante a constituir un solo mega gobierno mundial manejado
desde la actual ONU formalmente al menos, con una secta fantasma de
enormes fortunas y compañías tecnológicas detrás, gobierno y nuevo orden
mundial, el “estado profundo” que transforma a los estados nacionales
en sus sucursales. Como el caso de Chile. Si hasta he escuchado personas
de izquierda en un “optimismo” simplista expresar que acaso con “los
derechos humanos” sería suficiente si no hay Constitución… Por el otro
lado, las naciones, grupos humanos asentados en un territorio por larga
data, con identidad, cultura y organización política, que configuran los
Estados nacionales, que el globalismo pretende sojuzgar. Después de la
caída de los socialismos reales, el neomarxismo después de tres
generaciones desde los bolcheviques, decidió aprovechar los frutos del
cambio de estrategia que muchos años antes les imprimiera Gramsci y
otros pensadores de sus corrientes. Comenzaron a ejercer su hegemonía
cultural sobre occidente por varias vías, desde exacerbar las políticas
del relativismo moral, la exclusión de lo religioso, el abortismo, el
lobby LGTBI+, los “derechos humanos” de consigna, el ecologismo
profundo. Y comenzaron por… el lenguaje de uso cotidiano. Si se puede
cambiar la forma en que las personas hablan, tarde o temprano cambias su
forma de pensar, su escala de valores y por cierto, se disminuye el
coeficiente intelectual. El “progresismo”, no necesita gente muy
inteligente, más bien todo lo contrario. La demostración palpable de esa
manipulación cultural a través de la deformación del lenguaje, que en
nosotros es el idioma castellano, lo constituye el “lenguaje inclusivo”,
estrechamente vinculado a otro paradigma neomarxista: la ideología de
género. A menudo siento ganas de reír al escuchar las aberraciones
idiomáticas perseverantes de estos “neoparlantes” que además de su
pobreza de vocablos castellanos, se transforman en caricaturas que usan
un cuasi-dialecto que impuso en Chile Michelle Bachelet. El lenguaje
crea realidades se dice, pero no es cierto, crea apariencias solamente
pero suficientes para recrear “la matrix” en que las masas viven
prisioneras de sus más básicos instintos aunados a una ignorancia
supina. Debe ser “el hombre (y mujer, Allende era misógino) nuevo” que
anhela el socialismo para sustituirnos. La otra fuerza es la de los
patriotas. Patriotas versus globalistas, ese es el actual esquema
mundial, o en otras palabras, los pueblos defendiéndose de un invasor
global totalitario que si logra imponer su “nuevo orden” sustituirá la
decadente democracia en colgajos de nuestros países, por una siniestra
tiranía mundial
oligárquica, a la cual muy pocos tendrán acceso en esferas superiores,
acaso se exigirán al menos US$50.000 millones de dólares actuales como
mínimo. Y eso también cambiara, el bitcoin debiera sustituir al dólar
americano, el dinero es para “los pobres” por eso también desaparecerá o
será reemplazado por los medios electrónicos ya en boga. Y así se nos
controlará después de la pandemia. Con la excusa falsa de nivelar y
desaparecer las “desigualdades” inherentes a la condición humana, el
nuevo orden, hijo legitimo del globalismo como nuevo nombre del antiguo
comunismo, advendrá como única forma de organización
social y con una nueva y única religión, en que “curiosamente” Dios
estará excluido. Occidente completo es el principal objetivo debilitado
en sus valores, cultura y su Fe. Los países musulmanes serán
problemáticos, China ya eliminó la religión, los animismos africanos
serán fáciles de controlar, posiblemente habrá luchas religiosas de
resistencia. Religión única, renta única universal, todos pensando y
haciendo lo mismo, aspira la conspiración neocomunista a cambiar la
naturaleza y la Historia humana. Puede se logre por un tiempo, pero
siempre las aguas vuelven a su cauce y esta no será la excepción, pero
creo aún estamos a tiempo de evitarlo: defendiendo y fortificando el
Estado nación, nuestra Patria si se prefiere. La libertad en todas sus
formas. Patria o globalismo comunista. He ahí el dilema, pero digámoslo
antes que la conspiración se nos imponga y nos arruine.