Un
escenario de incertidumbre económica global es una buena oportunidad
para reflexionar respecto del rol que juegan las empresas en el
ecosistema social. Durante años primó el paradigma de éxito basado
en la mera rentabilidad económica. Esa premisa ya está obsoleta, pues
la sociedad entendió la importancia de considerar el impacto
medioambiental y social tanto en las estrategias, como en las
operaciones y objetivos de cualquier negocio. Es decir, la mirada de
Triple Impacto.
Sistema
B comenzó hace poco más de 10 años a trabajar en América Latina con el
objetivo de construir una nueva economía, donde el éxito no sólo se mida
en términos financieros, sino también por el impacto positivo y
bienestar que se genera en las personas y en el planeta. A la fecha,
contamos con más de 1,000 empresas B certificadas en la zona que
facturan más de US$31 billones y emplean a más de 135 mil personas. En
la región, Chile destaca por ser el país con más empresas B per cápita.
Incorporar
el Triple Impacto en la estrategia y operaciones permite que las
empresas aseguren su sostenibilidad en el futuro. El enfoque
tradicional, centrado únicamente en la rentabilidad económica a corto
plazo, puede generar impactos negativos en la sociedad y el medio
ambiente, tema que hoy repercute en la reputación de la marca, en las
relaciones con los clientes y en las partes interesadas, así como en la
viabilidad financiera de la empresa.
Considerar
el Triple Impacto ayuda a las empresas a identificar y gestionar los
riesgos asociados con aspectos sociales y ambientales. Esto incluye
materias legales, regulatorias y de cumplimiento, así como otros
relacionados con la reputación y la responsabilidad social. La
consideración de estos riesgos permite a las compañías anticiparse a
posibles problemas y tomar medidas preventivas para evitarlos o
mitigarlos.
Es
un hecho que, cada vez más, los consumidores valoran y eligen aquellos
que operan de manera responsable y sostenible. Al adoptar prácticas
empresariales que abordan los aspectos sociales y ambientales, los
negocios pueden diferenciarse en el mercado y atraer a consumidores
conscientes, que buscan productos y servicios que estén alineados con
sus valores. Además, muchas organizaciones y entidades gubernamentales
priorizan las compras y alianzas con empresas sostenibles, lo que puede
abrir oportunidades de negocio. Es más, de acuerdo al estudio “¿Cuál es
el rol de las marcas en los tiempos de hoy?” de Better Brands y Pacto
Global Red Chile, un 30% de los encuestados están dispuestos a pagar más
por un bien o servicio vinculado a una marca que tenga impacto
positivo.
Las
empresas que demuestran un compromiso genuino con la responsabilidad
social y ambiental atraen a clientes leales, retienen talento y generan
confianza y respeto en la sociedad. Una buena reputación puede marcar la
diferencia en un entorno empresarial cada vez más competitivo y
contribuir al éxito a largo plazo.
La
consideración del Triple Impacto no sólo es éticamente responsable,
sino que brinda beneficios económicos, sociales y ambientales a las
empresas. Al equilibrar estas tres dimensiones, éstas pueden construir
un negocio sostenible, fortalecer su reputación y contribuir al
desarrollo de una sociedad más justa y un medio ambiente más saludable.