Condenar la violencia: educación para el respeto y la paz

La
cuestión de la seguridad ciudadana ha dejado de ser un tema que
involucra exclusivamente a la población santiaguina o a las grandes
ciudades, lamentablemente, la preocupación se ha extendido a lo largo y
ancho del país, de manera creciente y sin una próxima respuesta que nos
permita tener alguna esperanza de que la situación mejorará en el corto
plazo.

Los
deseos de comenzar un nuevo año con los mejores deseos de prosperidad
parecen haber quedado bien atrás atrapados en solo eso, buenos deseos.

El
escenario no es el esperado. La violencia parece haber sobrepasado a la
imaginación y la sensación es que no se vislumbra un horizonte mejor.
La opinión pública se manifiesta y nos encontramos con que un 84% de la
población piensa que el país está peor que hace dos años en crimen
organizado y 82% en delincuencia (Cadem).

Casi
al final de 2023, un informe del Instituto para la Economía y la Paz
estableció en su Índice de Paz Global que Chile, retrocedió en su
pacífica posición alcanzando a los países más peligrosos, ocupando el
puesto 58 entre 163.

Y
es que asistimos a un momento de la vida nacional donde los delitos
cambiaron en todas sus formas. Vivimos en un mundo violento, donde las
calles pasaron de ser un espacio público medianamente tranquilo, a
transformarse en sitios donde puede pasar cualquier cosa, obligándonos a
permanecer en un estado de alerta permanente.

Una
esquina a plena luz del día, una fila en el supermercado, un
estacionamiento, y hasta la salida de las escuelas, pueden ser un lugar
complejo para las familias.

Recuerdo
cuando hace un tiempo, a esta altura, ya bastante tiempo atrás, muchas
manifestaciones consideradas por las personas como agresivas, han
terminado por ser validadas en el presente. ¿cuándo cambió todo?. Es
difícil encontrar el momento exacto en que pasamos del asombro al
acostumbramiento.

La
validación oficial de la violencia como método para el logro de
objetivos, (violencia muchas veces alentada de manera más que
irresponsable), la falta de respuestas, la pérdida de confianza en las
instituciones en un contexto sociocultural de cambios acelerados, de
alguna forma nos han encaminado a este callejón donde al final se
percibe un gran muro.

Ni
que decir en cuanto al crimen organizado y aquellos métodos criminales
que solo veíamos a la distancia y que jamás imaginamos tener tan cerca.

No
hace falta profundizar mucho más en un diagnóstico que parece a todas
luces bastante claro para una sociedad que ha dejado de ser la más
pacífica del continente o de estar entre las naciones más seguras del
mundo.

Claramente
no existe una respuesta única a la problemática, aunque sí es posible
abordar la situación desde un aspecto; la educación. Es en nuestras
aulas educativas donde debemos seguir agotando esfuerzos para inculcar
en los estudiantes, el concepto del respeto, el de la tolerancia y el de
la empatía.

Educar
para contribuir a las transformaciones que la comunidad necesita,
porque las escuelas forman parte y están inmersas en las comunidades,
tenemos también la posibilidad de recurrir a la educación como una
herramienta para abordar y prevenir la violencia a partir del diálogo y
la propuesta de resolver los conflictos de una manera pacífica.

Es
necesario trabajar en la promoción de programas de estudio que
colaboren en mejorar las habilidades sociales a partir de la formación
de ciudadanos comprometidos y responsables con su entorno y con sus
semejantes. ¿estaremos muy lejos de eso?.

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