Muchos
gobiernos se pierden en la conducción política, porque deben cumplir
las promesas electorales y la priorización de los verdaderos problemas
que aquejan a la gente quedan en la nebulosa. Hoy las principales
críticas que provocan la baja en la aprobación gubernamental apuntan a
la incertidumbre, la improvisación, la desinformación, la corrupción, la
delincuencia, el desempleo, las movilizaciones sociales, el desgobierno
y otras semejantes. La población está con una depresión que afecta
mucho y que es contagiosa. Se perdieron las confianzas en los poderes
Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los resultados de las recientes
encuestas son el reflejo estricto de una realidad que el país está
viviendo desde hace un tiempo. Muchos dirán que esto también ocurrió en
el Gobierno pasado, pero cómo un mandato tan corto, de solo cuatro años,
se puede desgastar tan rápidamente. Hoy, con las redes sociales, la
gente se expresa rápidamente y los manifiestos son contagiosos, generan
un traspaso veloz y muchas veces aquello es lo que más multiplica el
negativismo. Ya no se pueden ocultar los desaciertos, errores y engaños
de quienes tienen el deber de solucionar los problemas de la población,
que sufre carencias comprobables. Ya ocurrió con demandas de la
población en Coquimbo, La Araucanía, Chiloé y Magallanes; la gente está
cansada y necesita soluciones, y por eso el nuevo mandato que asumirá
dentro de menos de un mes y que es encabezado por el magallánico Gabriel
Boric tiene una dura tarea. ¡Es de esperar que cumpla todo lo que
prometió!