Confuso septiembre

Septiembre está lleno de carga emotiva, memoria, simbolismos, alegrías y tragedias. Para los magallánicos septiembre nos rememora la goleta Ancud y la toma de posesión del Estrecho de Magallanes (lo que en agosto cada año activa los políticos populistas en busca de los votos chilotes). Septiembre suena a cueca, sabe a vino y empanada y nos convoca a la alegría del circo. (A propósito, el 3 de septiembre es el día del circo chileno). Septiembre es cultura y nos recuerda el natalicio de Nicanor Parra, la muerte Pablo Neruda y el asesinato de Víctor Jara. Septiembre nos lleva en una semana de la tristeza y el dolor a la alegría y la festividad. Del sangriento y criminal Golpe de Estado a la celebración de las Fiestas Patrias y las Glorias del Ejército. Confuso septiembre, raro el desdoblaje anímico de los chilenos y chilenas, confusa la memoria selectiva, raras las pasiones, raro todo.

Septiembre se transformó en un mes de efervescencia política, de división y constante riesgo para la democracia. Un mes complejo donde se conjugan dolor, memoria y pasiones. En este mes la izquierda es más roja que nunca y la derecha es más pinochetista e inhumana. Un mes en donde la polarización permite saber quien es quien, ya que se observan con claridad las inclinaciones, valores (antivalores) y adhesiones de las distintas fuerzas políticas. Sin duda el Golpe de Estado de 1973 fractura septiembre y los chilenos, provocando fuertes divisiones en la sociedad, que van más allá de las ideas, comprometiendo valores humanos fundamentales y conceptos democráticos básicos. La muerte, tortura y sadismo tiene justificación para algunos o los problemas de la democracia no tiene otra salida que el derrocamiento para otros. 

Si bien las intervenciones militares han sido trágicas y con altos costos de vidas humanas en la historia de Chile; el golpe de Estado de 1973 y su dictadura posterior se caracteriza por la falta de racionalidad y humanidad, superando las barbaries cometidas en la guerra civil de 1829 ó 1891. Por ello es vergonzoso y repudiable que un senador de la República insinúe liberar a reos de Punta Peuco como un “incentivo” para que revelen el paradero de detenidos desaparecidos. La propuesta es no entender la justicia ni la historia, es un desprecio y una burla al dolor y la memoria, y sólo es la insistente búsqueda de impunidad de sus partidarios. En Punta Peuco está una parte de los responsables de las peores atrocidades de la historia de Chile. Están parte de los asesinos de al menos 330 niños y adolescentes, 10 mujeres embarazadas, y miles de chilenas y chilenos. Están los responsables de los 40.280 compatriotas asesinados, desaparecidos y torturados. En Punta Peuco no hay soldados chilenos, sólo hay cobardes y sicópatas, que representan un riesgo para la sociedad y su silencio cómplice sólo esconde sus atrocidades y crimen planificado que avergüenzan al ejercito y sus familias. Prefiero quedarme con la reflexión del comandante Martínez en relación a las responsabilidades del mando, que no esculpa, pero reorienta la formación del ejército.

En nuestro septiembre el chileno y chilena se pone patriota. Es el único mes en que se escucha y baila cueca, aunque en las fondas en más popular la cumbia y por estos lados un poco de chamamé. Elevamos volantines, pintamos todo de tricolor, nuestra bandera flamea en cada hogar y el asado y la chicha se apodera de los hogares. Nos cacharpiamos y nos gastamos la plata que no tenemos sin miramientos, para volver a la triste indignidad días después. Claro que nuestro patriotismo es sólo superficial porque es festividad sin cuestionamientos. En las radios, peñas y hogares se escuchan canciones de Víctor Jara, pero escasamente se reclama por su sádico asesinato, ni siquiera cuando la UDI pinochetista se atrevió a usar “El derecho de vivir en paz” en la campaña del rechazo. Incluso las familias chilenas de toda clase y espectro político verán con orgullo la Gran Parada Militar, olvidándose que ese ejercito torturador aún no condena ni degrada a aquellos militares que ensuciaron el uniforme y las tradiciones.

Septiembre conjuga dolor con alegría, memoria con amnesia, así que es muy probable que pasemos de romerías y marchas a la parada militar, del velorio a la fiesta. Y así después de un ¡Salud por la Patria! la memoria volverá a ser selectiva, la historia relativizada y la democracia desvalorada… hasta el próximo septiembre.

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