Conmemorando o rememorando el 11 de septiembre

Estructurar.
Crear el poder popular. Profundizar los derechos y las conquistas de
los trabajadores. Transformar las instituciones y el aparato estatal
para que los trabajadores y el pueblo puedan ejercer el poder real. Todo
esto es lo que planteaba la Unidad Popular (UP) y el supuesto por la
cual la junta militar pronunció el golpe militar para darles un final.
Así, la historia ha dejado plasmado a sus actores, con sus ideales y las
decisiones de por medio que concluyeron con los eventos por todos
conocidos.

En
unos días, se van a cumplir 50 años de esta herida. Con motivo del
mismo, el Frente Amplio quiere rememorar la historia con una
celebración. No obstante, al colocar el tema en el centro del debate
público ¿conseguirán establecer un pensamiento real de futuro al
respecto? O solo quedará en escarbar en la herida y sacarle provecho
para sermonear o alabar a quienes fueron los protagonistas.

De
ninguna manera pedimos que se alteren los planes, sino que sirvan para
sacar lecciones al respecto. Si se va a conmemorar, que sea de una
manera sobria, sin elevar a nadie en particular. Porque la remembranza
de un hecho tan doloroso para viejas generaciones, se convierte en un
gustito político en las manos de las actuales.

Es
un hecho que el acontecimiento divide. Existen aquellos opositores de
la UP y los que están a favor; así como opositores a la dictadura
militar, como los que la apoyan aún con el paso de los años.
Indiscutiblemente dependerá de su visión del tema, ya sea acorde a su
nivel de impugnación, a su modo de ver como rebulló el proceso o si fue
protagonista de la misma. Estas causas lo hacen difícil.

Desde
la posición de quienes vivieron el periodo en cuestión, al final existe
una visión objetiva general y otra verdad institucional, o sea una
verdad que algunos quieren o pretenden prevalezca. Sin embargo, a pesar
que cada individuo vive con su parte de la realidad que no permite ser
100% objetivos, se trata de hacer el esfuerzo de mirar la situación en
perspectiva.

Entonces,
se supone que generaciones nuevas como las del gobierno, encabezado por
Gabriel Boric y otros, venían a proporcionarnos una mirada distinta.
Ellos no fueron protagonistas, ni tampoco son hijos de semejantes que
vivieron el proceso directa o indirectamente. No son hijos de las
generaciones que estaban cerca del problema. Por lo tanto, podían tener
un interés en un conocimiento político más objetivo. Una reflexión
crítica fundada, sin el dolor de la experiencia propia.

No
obstante, su visión se funda en el romanticismo casi sin ningún
escrúpulo. Por el contrario, esta generación abusa del uso utilitario de
este argumento, o de esta temática, para lograr dividendos y triunfos
políticos. Subir en alguna encuesta o simplemente pretenden quedar bien
con sectores políticos determinados.

Entendiendo
que ya es difícil conseguir toda la verdad, ya que muchos involucrados
se llevaron esta evidencia a la tumba, sabemos que se hizo justicia en
la medida de lo posible. Desgraciadamente, el proceso vivido era la
única manera viable de hacerlo bajo las circunstancias del momento. El
juicio legal no llegó para todos; el moral sigue presente y no presenta
un final.

Puede
que esta ruptura generada por la génesis del evento, o por la falta de
un juicio reparatorio, no nos lleve a una guerra civil o a otro
conflicto, pero sí nos lleva a un eterno revanchismo. La reconciliación
queda de alguna manera como una quimera. Lo que no quita, querámoslo o
no, con verdad y justicia o con el paso del tiempo, alguna vez hay que
seguir adelante.

En
otras palabras, hay gente abusada en este país que pueda obtener su
debido juicio e igualdad sin ser una fantasía, porque son momentos
alineados, pero no existe igualdad y justicia permanente y uno tiene que
aprender a vivir con ello. Aquí tristemente pasa exactamente lo mismo.

Por
desgracia la conmemoración tiene aire a uso político. Puede que estas
nuevas generaciones, el FA, nueva derecha y otros sectores, realmente
tengan empatía, que sientan la romanización de la época, que vean esto
como dirección de imagen o que quieren sacar un determinado provecho
político. Tanto da igual, porque obviamente no hay nada que celebrar,
sino cuestionar. Establecer las bases para que esto no ocurra nunca más.
Sobre todo, poder de una vez por todas dar vuelta la página.

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