La
idea de Medio Ambiente genera un amplio espectro de imágenes y
conceptos que han ido tomando fuerza a partir de la Revolución
Industrial del Siglo XIX. Es una realidad que la sociedad humana aborda
en una dimensión académica a través del desarrollo de la Ecología y
ciencias afines, y también ha ido adquiriendo una perspectiva cada vez
más legal, jurídica y económica, llegando a insertarse el cuidado del
ambiente como un Derecho Ciudadano en la Constitución de la mayoría de
los países. En Chile, se ha consagrado el Derecho a vivir en un ambiente
libre de contaminación en el artículo 4 de la Constitución de 1999, en
donde se establece como deber del Estado el tutelar la preservación de
la naturaleza, incluyendo la posibilidad de limitar el derecho a la
propiedad cuando de por medio esté la conservación del medio ambiente.
Jurídicamente, la regulación existente tiende a la protección y
conservación de la diversidad biológica y de los recursos naturales
renovables e hídricos para, de ese modo, promover el Desarrollo
Sustentable de la sociedad. A pesar de esto, los ejemplos de deterioro
de las condiciones ambientales están en franco crecimiento y relucen
principalmente en el marco de su efecto sobre el desarrollo de la
economía y en la gran confianza puesta en el uso de la tecnología para
su superación y, al mismo tiempo, para incrementar los beneficios.
De
esta manera e independiente de cómo se defina socialmente la idea de
ambiente, se ha fortalecido una mirada netamente práctica y utilitaria
del espacio natural dentro del cual está inserto el hombre y su
sociedad. De tal manera que lo que nos termina preocupando no es el
ambiente en sí mismo, sino que aquellas situaciones que ponen en jaque
al esperado desarrollo. Bajo estas ideas, el medio ambiente ha llegado a
ser considerado como una mera expectativa y destinado a cumplir
funciones que soporten el modo de desarrollo sustentable de la sociedad.
Este modelo se basa en mantener las opciones ambientales en el tiempo,
con incrementos en la eficiencia de producción material por sobre la
eficiencia de renovación natural del medio, especialmente válido en los
casos en que el desarrollo se sustenta en base a la explotación de los
recursos vivos. La crisis ambiental es, entonces, una consecuencia de
tal modelo, como lo es la pérdida de biodiversidad, el uso
indiscriminado de los recursos renovables, la disminución en
disponibilidad de agua, el deterioro de suelos, entre muchos otros
ejemplos que no hacen sino poner en perspectiva la idea de que el
ambiente no es infinito en su tasa de reciclaje, particularmente cuando
se busca un desarrollo cada vez más creciente y con mayor presión sobre
los recursos ambientales.
Chile
tiene un gran escenario ambiental que abarca desde las zonas desérticas
del norte hasta el extremo Antártico. El ambiente se diferencia
notablemente y, por tanto, todas las relaciones sociales y económicas
que emergen de esa realidad natural son diferenciales e incluso
regionales. En consecuencia, desde una mirada laica y republicana, el
ambiente debe tener un puesto de primera línea en un análisis del Chile
que esperamos para el futuro y los aspectos sobre desarrollo sustentable
y conservación deben ser revalorizados a escala humana en tanto afectan
al medio ambiente y, en consecuencia, repercuten en la posibilidad de
construir un mundo más fraterno para nuestra especie.