Constituyentes magallánicos

Magallanes: referida por nuestra historia y sus mandantes de la zona central, de manera equivocada, como la última región de Chile; la perdida, la desconocida, la que se cae del mapa, la desmembrada en extremo, la que está tan lejana que hace difícil de llegar y que, cuando se pone un pie en ella, cautiva para toda la vida. Magallanes estará en la Asamblea Constituyente y debe ser con la voz de “Su Gente”. Chile y su territorio es una poesía escrita con la tinta de las arenas del desierto, con la savia del follaje de la zona central y el filo de los eternos hielos patagónicos y antárticos. Un paisaje maravilloso en extremo. En ninguna parte del mundo hay tanta variedad de climas, condiciones y modos de vida a la cual se han debido adecuar sus habitantes. Cada grupo humano ha tenido que adaptarse a su propia realidad, postergando su individualidad porque históricamente ha sido el centralismo de Santiago la que decide lo mejor para todos. Hemos vivido en la vergüenza por las masacres ocurridas que han teñido de rojo esas arenas, esos ríos, esos bosques y esos canales y como toda vergüenza se calla, se oculta y se disfraza. Esa vergüenza la acompañamos con una discriminación que se ha asentado en el alma del chileno. La mala calidad de la educación no ha permitido reconocernos y aceptarnos, pues desmerecemos todo lo que consideramos inferior y desde el centro nos ven, como simples “provincianos”. Por ello hay algunos que nos quieren dar cátedra de representatividad y se avecindarán estratégicamente en las regiones para imponer sus conceptos centralistas. También les gustaría copar los escaños reservados para los pueblos indígenas, pero afortunadamente no podrán. Las constituciones que se han dictado siempre han sido aprobadas en la capital y así como se desmerece al campesinado provinciano, lo mismo se hace con lo que está en los extremos. Somos dignos representantes de esa malformación y no debemos aceptar intromisión. La bandera oro y cielo y la Cruz del Sur, pesa y pesa mucho. Chile es una poesía, mal escrita por la pluma de historiadores e intelectuales que se han nutrido de sus propios egos, para perpetuar sus cuotas de poder y la preservación de sus derechos económicos sobre tierras, bosques, aguas o mar. De tanto mirarse al ombligo no lograron empatizar con las necesidades de su gente que sobrevive de migajas o políticas mal aplicadas por no ser debidamente estudiadas. Por ello, es necesario entrar a escribir con una pluma común, de gente común, del pueblo unificado, la poesía de nuestro futuro. Con la piel dura y curtida por la sal del norte, con el desgarro de las poblaciones hacinadas, con el llanto ancestral de los pueblos disgregados, con el sudor y el polvo en el rostro de los que reconstruyen nuestro país después de tantas cotidianas desgracias. Cada uno con sus chamantos, ponchos y balandres, con sus chullos, chupallas, gorros chilote o boinas. Y no con lujosos trajes y nombres rimbombantes. Debemos escribirla considerando que todos vivimos en él, contemplando de frente y con verdad y realismo tanta dignidad postergada. Debemos hacerlo en justicia con la inspiración de un Pablo de Rokha, de un Pablo Neruda, de un Vicente Huidobro o de la eterna Gabriela Mistral. Magallanes es la Primera Región de Chile, aunque lo olviden. Los 500 años abarcaba a todo el territorio, pero los descendientes de Almagro lo ningunearon. En lo personal, tengan presente que pondré mi fuerza y conocimientos para contribuir a cuidar que la letra de esa poesía constituya una sinfonía armónica escrita en el extendido pentagrama de las olas que bañan las costas de este largo país. Lo haré motivado por el amor a mi familia, a mis vecinos, a mi ciudad y a mi país, con el mismo amor que deben tener todos los que integren esta Asamblea y que postergarán mucho de sí para conseguirlo.

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