Todo
acto y evento tiene una consecuencia, o más de una, a corto, mediano y
largo plazo. Esta crisis sanitaria son los árboles que impiden ver el
bosque, pero más temprano que tarde ello será inevitable. Desde un
comienzo, hemos estado sujetos a una sostenida campaña de desinformación
en que esta se oculta, se prohíbe de facto discutir sobre ella y se
acostumbra a las masas a moverse en el reducido ámbito de la “verdad”
oficial, es decir, la que emite el gobierno, sin objeción de la
oposición, las entidades internacionales y las grandes cadenas
informativas, normalmente apoyadas por las redes sociales. ¿Y qué es lo
que no nos dejan ver? Pues ni más ni menos como nos hemos ido
acostumbrando y aceptando que el Estado decida por nosotros y como
cercena nuestra libertades naturales, todo en aras, supuestamente, de la
“salud pública”.
Más
del 80% del país se encuentra hoy en cuarentena obligatoria, las
fronteras cerradas, prohibición a chilenos de viajar fuera de Chile. Es
decir, el país es hoy una cárcel para millones, no importa la
justificación. Paralelamente, algo nunca antes observado, son burócratas
del estado quienes deciden que podemos los chilenos consumir y adquirir
mediante la definición de rubros “esenciales”. E incluso quienes no
estamos en cuarentena hoy lo sufrimos ya que no podemos comprar y que se
nos envíe porque el traslado de mercaderías “no esenciales” también
está prohibido. Más allá de las muchas argumentaciones que escuchamos y
comprobamos en el sentido que estas cuarentenas obligatorias no
funcionan solo destruyen, y lo resultados están a la vista, quiero
destacar el hecho que hoy en Chile la vida diaria y la dependencia
directa del Estado, es absolutamente mayoritaria. El Estado no solo
decide sobre nuestras libertades individuales, sino que también quien
puede trabajar y quien no, y otorga los bonos de variada índole que
permite subsistir a millones de desempleados. Cuando la mayoría de los
habitantes dependen directamente del Estado, y es lo que pasa el día de
hoy, puede hablarse en propiedad que el sistema es de carácter
socialista. La consecuencia directa de la pandemia en Chile, y estoy
cierto en otros varios países, es la transición al socialismo. Agudiza
esta relación de dependencia estatal, el paradigma de la llamada “renta
básica universal” promovida por la izquierda nacional e internacional, y
que si se llega a establecer en Chile significarían millones de
inmigrantes presionando y entrando a nuestro territorio donde ya tienen
privilegios sobre los chilenos, a la salud gratis,
educación gratis, vivienda, se sumaría ahora una renta que permite
vivir sin trabajar ni producir. Sería consagrar la ruina definitiva
porque, estas medidas paliativas supuestamente, se tornarían
definitivas, derechos adquiridos que ningún populista se atrevería a
conculcar. ¿Recuerda ud. el impuesto específico a los combustibles,
establecido el año 1985 para la reconstrucción del gran terremoto de ese
año? Pues se hizo definitivo. Entonces el “impuesto a los ricos” que
también avanza en el congreso, también sería permanente y obviamente
iría abarcando cada vez mayores sectores de contribuyentes. Un nuevo
orden político y económico se está instalando en Chile, con anestesia,
con desinformación, con oscuridad. Parte de un Nuevo Orden Mundial. Las
evidencias están a la vista, Chile está siendo deconstruido pero es
incapaz de darse cuenta, a millones les han mentido, que “la vacuna” era
la única luz al final del túnel. Mientras tanto, nuestra calidad de
vida desaparece, millones encerrados en cuarentenas que no funcionan
sanitariamente pero destruyen economías y proyectos de vida. Permiso
para trabajar, permiso para comprar, permiso para desplazarse,
permiso para viajar. Y miles de funcionarios metiéndose en la vida y
actividades de millones pidiendo explicaciones de que tratamiento médico
va a hacerse o en que consiste el trabajo a que viaja. Así es el
socialismo, el predominio absoluto del Estado. Pensemos como se puede
salir de esto, porque todo indica no faltaran las razones para mantener
las restricciones, los impuestos, los permisos. El Gran Hermano
Progresista que superó al neoliberalismo.