Hace
unos días en un diario de circulación regional se publicaba el rumor
sobre la eventual negociación del PS por un cupo en la administración de
la comuna de Porvenir a cambio del apoyo a la candidatura del alcalde
actual. En mi experiencia nada más lejano a la realidad, ya que el PS
hace rato ha dado prueba de respetar su palabra en materia de pactos,
acuerdos y apoyos, los que no implican un trueque o chantaje. Esas
viejas prácticas están erradicadas de las directivas (aunque a veces
dirigentes o militantes aislados se “escapen con los tarros”). Como
partido nos limitamos a poner nuestras capacidades y militantes a
disposición de los objetivos del conglomerado. Sin duda, si Parada es
designado e inscrito como candidato del pacto electoral, aunque
discrepemos del mecanismo, nuestro partido lo acompañará en el desafío.
De igual forma procederemos con otros candidatos del bloque oficialista.
Lo
anterior lo expongo porque da pie a una discusión más profunda que
tiene relación con la fragilidad, inestabilidad y falta de bases fuertes
de la alianza electoral del oficialismo. Lo anterior no es nada nuevo
en todo caso, porque en el último tiempo la unidad se ha fundado en la
posibilidad de ganar y no en compartir y consensuar un proyecto, ideas y
procederes comunes. De esta forma, se ha deambulado entre
autocomplacientes y autoflagelantes en la concertación, o entre Apruebo
Dignidad y Socialismo Democrático en la actualidad.
La
cosa es ganar a todo evento, aunque ello implique no atender las
discrepancias ideológicas, negar espacio a fuerzas emergentes o no poner
a pruebas democráticas los nuevos liderazgos. Es más fácil apuntar con
el dedo, calificar de problemático, díscolo o traidor, a quien ose
discrepar con ideas fundadas. Entonces se vuelve al cuoteo, a la
designación a dedo, a la falta de primarias y por sobre todo a la falta
de proyecto. Así se firman acuerdos que entienden sólo las cúpulas
partidarias pero que los militantes de base y adherentes no participan,
viven o aprueban, dando pie al desorden.
Ante
la irrupción mundial y nacional de la ultra derecha se hace necesario
la construcción de mayorías políticas y electorales que le disputen los
escenarios. Mayorías que se construyan desde las ideas, convicciones,
diagnósticos y diferencias, donde el debate permanente, el derecho a
disentir y ser considerado, a la rivalidad resuelta democráticamente,
sea parte de la normalidad y el modo de fortalecer la alianza. En eso,
aprender de la historia nos sirve para superar el presente y avanzar
hacia el futuro.
La
construcción de mayorías, basadas en valores y principios, sea quizás
unos de los mayores legados de Allende y la Unidad Popular. A su modo la
Concertación, aunque diluida hacia su final, intentó hacer lo mismo. El
Presidente Boric, de una manera inédita, con la incorporación del
Socialismo Democrático a su gobierno ha buscado algo similar (con serios
cuestionamientos del PC), pero con resultados mucho menos destacables.
Las alianzas basadas en proyecto políticos e ideológicos trascienden en
la historia, mientras que las alianzas electorales sólo sobreviven el
momento. Esos son los riesgos.
En
el mes de enero los partidos de la alianza oficialista se
comprometieron a enfrentar las próximas elecciones con la mayor unidad
posible. “Ratificamos concurrir a las próximas elecciones de alcaldes y
gobernadores regionales en una lista única lo más amplia posible”,
sumando otros partidos e independiente, afirmaron en ese entonces. Desde
ahí, se limitaron y restringieron las primarias, volvieron tesis como
la que el que tiene mantiene o el cuoteo partidario, y se evitaron
evaluaciones de gestión o actualización de fuerzas y liderazgos. Que la
torta alcance para todos, pero con gran egoísmo y rivalidad, con
imposición de identidad, ha sido la tónica. El resultado final es la
misma historia de siempre.
No
es primera vez que la centro-izquierda se presenta dispersa política e
ideológicamente para enfrentar una derecha populista proyectada
positivamente en términos electorales, por tanto, pasa a ser fundamental
la unidad en torno a ideas y proyecto, para abordar y darle cuerpo a
una alternativa de modelo y administración del Estado frente al
neoliberalismo (que hasta ahora no hemos podido plasmar). Sólo el debate
y la disputa democrática de ideas y liderazgos podrán fundamentar la
unidad de la centro-izquierda. Deberíamos, a esta altura, estar
conscientes que la unidad política pasa por la unidad social del pueblo.
Debemos tener una apertura para construir un proyecto amplio, debatido y
consensuado, para a partir de ahí construir unidad y en consecuencia
construir grandes mayorías.