La
contaminación por plásticos es un problema global, se estima que 9 a 14
millones de toneladas métricas entran en el océano anualmente, que se
suman a los 150 millones de toneladas métricas que ya se encuentran en
él. En Chile, se estima que se desechan 51 kilos de plástico por persona
cada año, siendo el país en Latinoamérica que genera más contaminación
por este desecho per cápita, según un estudio elaborado por la
asociación The Minderoo Foundation. La mayoría del plástico que usamos
tiene origen sintético a partir del petróleo, como el polietileno (PE)
que se encuentran en películas de plástico para embalaje, bolsas y
guantes; el polipropileno (PP) que se encuentra en las mascarillas; el
poliestireno (PS) que encontramos en los envases de plumavit; el
tereftalato de polietileno (PET), que encontramos en las botellas de
plástico y el cloruro de polivinilo (PVC) que se encuentra en mangueras,
tarjetas de crédito y redes de pesca, siendo estas últimas las mayores
contaminantes por plástico del océano. En
el ambiente, el plástico puede fragmentarse bajo condiciones como alta
radiación UV, temperatura y otros procesos físicos, y generar partículas
de microplásticos (que alcanzan tamaños menores a los 5 milímetros),
los cuales pueden ser dispersados largas distancias por el viento o por
las corrientes oceánicas. Los microplásticos se han encontrado en
diferentes ambientes marinos, incluyendo el Océano Austral. En
Antártica, por ejemplo, se han encontrado en sedimentos marinos
profundos y también en el hielo. Las potenciales fuentes son de origen
humano como las estaciones de investigación y en buques que navegan en
el océano (de pesca, militares, de carga, de pasajeros, entre otros),
como también el movimiento de microplásticos desde otros lugares del
planeta mediado por las corrientes oceánicas. A
diferencia de los plásticos de mayor tamaño que afectan principalmente a
aves, peces, reptiles y mamíferos; los microplásticos pueden
interactuar con organismos de menor nivel trófico, como lo son el
zooplancton y los bivalvos, los cuales consumen estos microplásticos y
pueden defecarlos como pellets, los que serán consumidos por otros
animales marinos. Otras formas de plancton, fito y bacterioplancton, que
son la base de las tramas tróficas marinas, también interactúan e
incorporan estas partículas traspasándolas a sus depredadores al ser
consumidos. A medida que se asciende la trama trófica los microplásticos
pueden acumularse (esto se conoce como biomagnificación), en conjunto
con elementos tóxicos, generando un peligro para todas las especies
involucradas. Un estudio reciente encontró que el krill antártico
(Euphausia superba) digiere los microplásticos a nanoplásticos,
trozándolo a una millonésima parte de su diámetro, haciendo aún
desconocido el alcance de las interacciones de estas partículas, sólo
visibles al microscopio de alta resolución, con los organismos. Los
microorganismos, como bacterias y hongos, pueden colonizar las
superficies de los plásticos, cubriéndolos en pocas horas.
Posteriormente, fabrican una variedad de moléculas capaces de
degradarlos y fragmentarlos, llamadas enzimas, entre ellas encontramos
oxidorreductasas, hidrolasas, transferasas y ligasas. Un estudio
demostró que los microorganismos están respondiendo a la contaminación
por microplásticos generando enzimas capaces de degradarlos, encontrando
en los lugares que presentan mayor contaminación un aumento de los
genes degradadores de microplásticos. Considerando
que aún existe una constante generación y demanda de productos de
plástico a nivel mundial, que se transforman posteriormente en desechos,
es fundamental el estudio de la degradación, dispersión y los efectos
de los microplásticos sobre los organismos, en particular, en los
ecosistemas australes, en donde podrían persistir un mayor tiempo debido
a las bajas temperaturas. Además, es importante informar a la población
para disminuir los desechos de plásticos y estimular al reciclaje de
este mismo, por ejemplo, utilizando los puntos limpios que existen en la
ciudad de Punta Arenas. Desde Cequa,
nos preocupamos por informar acerca de este tema, por ejemplo, mediante
charlas a colegios sobre la importancia del reciclaje, y encontrar
soluciones que apunten a mitigar los daños que causan los desechos del
plástico a nuestros ecosistemas, especialmente al océano.