Durante esta semana
nuestra ministra de Desarrollo Social y Familia, Karla Rubilar, junto al
ministro de Justicia y Derechos Humanos, Hernán Larraín, presentaron un
proyecto de ley para modificar el Código Penal y tipificar los delitos
asociados a la Explotación Sexual en Contra de Niños, Niñas y
Adolescentes (ESCNNA).
La
ESCNNA es una de las peores formas de vulneraciones a los derechos y
comprende diferentes hechos, como la prostitución infantil, la
producción, promoción y distribución de pornografía de menores de edad,
la trata con fines de explotación sexual, el turismo sexual, entre
otros.
La
iniciativa busca introducir un nuevo párrafo al Código Penal relativo al
concepto de “proxenetismo, explotación sexual comercial, y pornografía
de niños, niñas y adolescentes”, que permitirá darles un tratamiento
correspondiente a estos fenómenos.
Esto
se debe a que en el actual Código Penal, la ESCNNA no se encuentra
debidamente tipificada, dado que regula principalmente bajo los delitos
de “prostitución infantil” y de “obtención de servicios sexuales de
menores de edad”, sin una mayor especificación.
En
este contexto, se pretende cambiar el delito de “prostitución infantil”
por el de “explotación sexual de una persona menor de dieciocho años”,
donde
se considerará una pena mayor en los casos en que el ilícito se realice
por la dependencia personal o económica del niño, niña o adolescente.
Además
se creará un nuevo artículo que regulará la producción,
comercialización, importación, exportación, distribución, difusión y
exhibición de material pornográfico infantil, sancionando a quienes lo elaboren, adquieran y posean.
Entre
los años 2017 y 2019 los Programas de Protección Especializada en
Explotación Sexual Comercial del Servicio Nacional de Menores han
atendido en el país 4.286 casos. Con respecto a las víctimas, 3.861
fueron mujeres (90%) y 425 hombres (10%), siendo la mayor parte de las
afectadas (88%) adolescentes de 14 años o más.
La
explotación sexual es una forma de violencia que daña de forma integral
a las víctimas, pudiendo provocar consecuencias de por vida,
llevándolas incluso a conductas suicidas. Es por ello que en todo
momento los adultos debemos estar supervisando los contenidos que los
menores exploran en internet, a través de herramientas de control
parental -que permiten por ejemplo definir los horarios de navegación- y
mediante el diálogo en el entorno familiar.
En
esta pandemia todos hemos utilizado, de alguna u otra forma, internet
para suplir las acciones que no podemos realizar en persona, y los niños
y adolescentes deben comprender que esta vigilancia se debe
exclusivamente al aumento de los delitos cibernéticos.