Quien
haya conducido alguna vez un vehículo de dos ruedas, necesariamente ha
debido utilizar la técnica del “contramanillar” para mantener el
equilibrio y poder dirigir el vehículo en la dirección que desea. Lo
hacemos en forma instintiva, sin darnos cuenta, y es la principal
diferencia entre conducir una moto o bicicleta y cualquier otro vehículo
de tres o cuatro ruedas.
En
efecto, al manejar un triciclo o un vehículo de cuatro ruedas, si
queremos virar sencillamente apuntamos las ruedas delanteras hacia donde
queremos ir, es lo más natural del mundo y nadie se lo cuestiona. Sin
embargo, si manejamos un vehículo de dos ruedas, como una bicicleta o
una moto, la técnica es totalmente diferente: para poder virar es
necesario inclinar la bici o moto hacia el interior de la curva y lograr
la composición de fuerzas que permitan mantener el equilibrio. Para
ello, debemos iniciar el giro forzando la inclinación hacia la dirección
en que queremos ir. Por ejemplo, si queremos doblar hacia la derecha,
debemos inclinar la bicicleta hacia la derecha y, para lograr esa
inclinación, es necesario desestabilizar la bici o moto girando el
manubrio ligeramente a la izquierda para, una vez estando inclinados,
mantener la trayectoria deseada; luego, para recuperar la vertical y no
seguir doblando, giramos el manubrio justamente hacia el interior de la
curva propiciando una inclinación en dirección contraria.
Lo
descrito es lo que se conoce como la técnica de “contramanillar” (o
countersteering, como más correctamente le llaman los gringos) y es algo
que realizamos de manera instintiva
apenas aprendemos a mantener el equilibrio en dos ruedas. Es lo que
explica por qué un niño no va a aprender jamás a andar en bici mientras
no le saquen las rueditas laterales, pues con ellas su bici es en
realidad un triciclo que no requiere de contramanillar para dirigirlo.
El
uso consciente del contramanillar es una de las diferencias entre un
motociclista o ciclista experimentado y un novato, y marca una
importante diferencia en la conducción segura, especialmente al momento
de evitar obstáculos o hacer correcciones de trayectoria pues ante una
sorpresa, el miedo puede hacer que instintivamente doblemos el manillar
en la dirección opuesta al obstáculo cuando en realidad lo que hay que
hacer es iniciar la maniobra doblando justamente hacia él, para después
corregir. Si manejamos nuestra bici o moto como un triciclo o auto, sólo
empeoraremos la situación.
A veces, en la vida, pareciera que es bueno utilizar una técnica similar, corrigiendo siempre nuestra trayectoria
con pequeños golpes de timón que en un principio pueden ser en
dirección contraria a la deseada, para luego corregir sobre la marcha. A
fin de cuentas, muchas veces vivimos en un equilibrio inestable que se
parece más a andar en dos ruedas que a la seguridad que nos pueden dar
tres o cuatro.
Desgraciadamente
son muchos los que andando en la bicicleta de la vida insisten en que
la única forma de llegar a donde quieren es forzando el manubrio sólo en
esa dirección, haciendo no sólo imposible ir hacia donde desean sino
propiciando una caída.