‘Digo
responsablemente que la Convención está bajo ataque’, tuiteó el
convencional Jorge Baradit a finales de julio. El escritor sustentó sus
dichos en el supuesto desprestigio de los diarios hacia la asamblea y en
el ‘show’ que la televisión habría estado difundiendo a partir de
manifestaciones de convencionales de derecha. Sus siglas fueron
recogidas por un artículo de Ciper titulado “‘La Convención
Constitucional está bajo ataque’, ¿verdad o fake news?”. Según el
documento, el espacio de deliberación estaría siendo víctima de un
‘ataque completo’ que buscaría su descrédito. La ofensiva estaría
ligada al ‘duopolio periodístico’ y a grupos coordinados a través de
redes sociales.
La
presidenta de la instancia, en tanto, Elisa Loncón, eligió un tono con
menos matices bélicos para referirse a lo que a su juicio acontece con
el pleno que dirige. La doctora en literatura espetó que ‘se ha hecho
uso de la mentira para invalidar el trabajo de la Convención
Constitucional’.
Si,
tal como señala Baradit o como sugiere el informe de la PUCV, la
Convención se encuentra bajo ataque debido, entre otras cosas, a las
mentiras y las fake news que se han dicho acerca del trabajo que
realizan, habría que preguntarse si las otras instituciones no están
siendo víctimas de lo mismo. Durante los últimos años, y sobre todo tras
el 18 de octubre, tanto el poder Ejecutivo como el Legislativo y el
Judicial han sido absorbidos por torbellinos de falsedades que en varias
ocasiones les han ocasionado un profundo descrédito y un abismal daño
institucional. Esta semana, sin ir más lejos, las redes sociales
festinaron con un video editado en el cual el ministro de Economía,
Lucas Palacios, aseguraba que una familia podía vivir con un poco más de
trescientos mil pesos. En un sinnúmero de instancias anteriores los
usuarios sensatos de las plataformas han debido mantener quietos sus
pulgares mientras averiguan si tal o cual noticia corresponde a la
realidad o no. La proliferación de este tipo de artimañas se puede
evidenciar a través de los múltiples espacios que, tanto medios
tradicionales como emergentes, han dedicado para desmentir o a matizar
las informaciones equívocas.
De
lo anterior se desprende algo evidente: la Convención no está bajo
ataque, sino que simplemente vivencia una práctica constante que ha
arremetido contra la totalidad de las instituciones. Quien sugiera lo
contrario, debiera dar por hecho, entonces, que el gobierno del
presidente Piñera o el Congreso, se encuentran bajo la misma agresión,
pues las noticias falsas y los insultos que han recibido, han sido
incluso más crudos que los que han afectado a la asamblea.
Por
otro lado, el hecho de que existan grupos organizados, que
efectivamente quieran que la Convención fracase y que hagan uso de las
plataformas digitales para lograr dicho objetivo, no dista de lo que
ocurría anteriormente. Nadie en su sano juicio podría asegurar que
durante los meses posteriores al octubre chileno no hubo agrupaciones
coordinadas para embestir, ya sea mediante un agudo escrutinio o
derechamente a través de mentiras o ambigüedades malintencionadas, la
institucionalidad del país.
Ciertamente,
y con el objetivo de matizar lo que algunos interpretan como ‘ataques’,
no es preciso homologar lo que la mayoría de los medios de comunicación
difunde con arremetidas arteras contra la Convención. Las noticias y
opiniones publicadas en la prensa no son más que el resultado de lo que
estas instituciones deben hacer. Los énfasis de los cuales los medios
dispongan y las interpretaciones que elijan seguir, no deben ser
comprendidas como embestidas malintencionadas, sino más bien como un
severo escrutinio a la asamblea. La prensa debe ser acuciosa con el
poder, y el pleno dirigido por Loncón no tiene por qué ser la excepción.
La
Convención solo está vivenciando lo que el resto de las instituciones
venía experimentado hace tiempo; por un lado, la constante y extendida
arremetida de las noticias falsas y por otro, el profundo escrutinio
que, como parte de su obligación, debe llevar a cabo la prensa. La
Convención no está bajo ataque.