Uno de los elementos más necesarios en política es la convicción. Sin duda, quienes guardan esperanzas de vivir en una sociedad que progresa en paz, se sienten casi abandonados por la ausencia de liderazgos políticos que sostengan una línea de pensamiento coherente, fundada en la razón y ejecutada con honestidad en la búsqueda y logro del bien común, donde cada persona tenga la posibilidad de desarrollar su proyecto de vida acorde a su esfuerzo y capacidades.
Cuando se carece de convicción, la acción política se extravía en un laberinto de conveniencias personales que deterioran las instituciones y hacen imposible la cohesión detrás de un proyecto común. Es así como no pocos líderes políticos se han enfrascado en rivalidades internas o han sido arrastrados por la falta de ética, dejando de ser un puente entre la sociedad civil y el Estado.
Estas mezquinas actuaciones se arrastraron y profundizaron por años, escondiendo bajo la alfombra los grandes desafíos de un país que progresó desde los años ochenta, pero que requería enfrentar los problemas pendientes con generosidad e inteligencia para cruzar el umbral del desarrollo. Hoy, estamos parados en la bifurcación de caminos; uno que conduce a un inexistente proyecto de país que vitorea consignas que en todos los países del mundo solo han aportado mayores injusticias y pobreza… otro que conduce hacia mejores condiciones de vida, mayores espacios de libertad y seguridad para las personas y sus familias. Es demasiado lo que está en juego y me preocupa enormemente que nuestro país engrose los textos académicos sobre países que decidieron fracasar a pesar de tener todo a su favor. Hoy son tiempos que exigen unión y pensar en un futuro común como región, más allá de ciertas diferencias.
Creo fielmente en la democracia. Creo en la importancia de la provisión eficiente de bienes y servicios públicos que materializan, y en consecuencia garantizan, derechos individuales y mínimos comunes. Creo en la buena política de acuerdos y consensos, activa y responsable para responder a las necesidades de la sociedad. Creo en el orden, disciplina y en el esfuerzo personal. Creo en la real modernización del Estado, para que sus tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) se desplieguen en favor de las personas y comunidad… no al servicio de patrones de fundo o grupos de interés. Creo en un Magallanes dueño de su destino, capaz de plantear alternativas de solución a sus conflictos, vigoroso y aportante al fortalecimiento de nuestra nación. Creo en un Magallanes floreciente de más y nuevas empresas, donde nuestros empresarios y jóvenes se esfuerzan por expandir sus horizontes desde la región. Creo en un Magallanes que no deja atrás a su gente, si no que la prepara para ser ciudadanos participantes del siglo XXI: alfabetos tecnológicos, emprendedores y trabajadores aliados en un fin compartido. Creo en municipios laboriosos y dedicados a resolver los problemas de sus vecinos, respaldados por un Gobierno Regional pensante, visionario y conductor de Magallanes en la senda del desarrollo. Creo en la gran mayoría de los magallánicos, trabajadores honestos, protectores y dignos de esta tierra. Creo en nuestra responsabilidad de heredarle a nuestros hijos y nietos una región de oportunidades, basada en una convivencia sostenible e integra con nuestra hermosa naturaleza bendecida por Dios, como también excelsa en educación, deporte y cultura. Mi objetivo es unir a los magallánicos en un proyecto de largo plazo donde coloquemos a Magallanes primero. Cada día somos más quienes compartimos esta convicción. Solo faltas tú.