La
zona central de Chile está viviendo el año más seco del que se tiene
registro. En algunas localidades, el déficit de lluvias supera el 90 por
ciento y ya es posible ver las consecuencias: muerte de animales,
abandono de los cultivos, escasez de agua potable para consumo humano y
el encarecimiento del precio de los alimentos.
Para
nadie es un secreto que detrás de este fatídico escenario se encuentra
el cambio climático y que producto del aumento de la temperatura de la
tierra, se produce una pérdida de equilibrios importante que genera
cambios a los cuales no podemos adaptarnos, por ejemplo, vivir sin agua
potable.
En
medio de esta crisis hídrica, los preparativos para la COP25 están a
toda máquina. Y con razón, pues en diciembre nuestro país será sede de
la cumbre de Medio Ambiente y cambio climático más relevante a nivel
global, instancia en la que representantes de 197 países discutirán y
harán el intento de generar compromisos para impulsar políticas que
protejan el planeta.
Esta
cumbre es una gran oportunidad para que los países adopten metas más
ambiciosas en cuanto al cuidado del medioambiente y demuestren que ser
parte de un acuerdo es mucho más que firmar un documento, como ocurrió
en la COP21 con la firma del Acuerdo de París, instancia en la cual se
estableció como meta que, a nivel mundial, todas las naciones debían
contribuir con cambios sustanciales para impedir que se superen los 1,5°
de temperatura.
Chile
es uno de los países más afectados con el cambio climático: se
deterioran los glaciares, llueve menos, el desierto avanza, la
agricultura decrece, las ciudades tienen suministros hídricos agotados.
Sin perjuicio de lo anterior, de cara a este gran evento, nuestro país
debe hacer lo posible por tener “la casa limpia” no solo para estar a la
altura, sino que para predicar con el ejemplo.
Ahora bien,
según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Chile aporta
al fenómeno del calentamiento climático un 0,25 del total de las
emisiones a nivel mundial, no obstante, sigue siendo necesario
implementar medidas concretas que comprometan a las autoridades y a la
sociedad con el resguardo de nuestros ecosistemas naturales.
Estamos
contra el tiempo, y debemos cumplir; subsanar deudas. Por ejemplo,
tenemos una protección oceánica dentro de nuestra legislación, sin
embargo, persisten problemas con algunas empresas acuicultoras; muchas
ciudades aún se calefaccionan con leña; continúa el funcionamiento de
termoeléctricas en las llamadas “zonas de sacrificio” como lo son
Quintero y Puchuncaví, entre un largo etcétera.
Ad
portas de la COP25, los cambios deben materializarse. Chile puede
desarrollarse a propósito de sus grandes potenciales: con fiscalización
adecuada podemos trabajar nuestros océanos de forma sustentable;
favorecer el turismo limpio y ordenado; proteger los glaciares; reducir
el uso de plásticos, pero entendiendo también que la responsabilidad no
puede recaer únicamente en las autoridades.
El
llamado es a que como sociedad nos empoderemos y realicemos acciones
que permitan hacer de nuestro país, un país más sustentable y que
valoremos las pequeñas acciones que cada uno realiza en su vida diaria,
porque sumadas, pueden generar grandes cambios.
Actuemos hoy. Mañana será tarde.