Corrupción… La verdadera peste instalada en nuestra patria…

Ya
es demasiado, francamente demasiado. A estas alturas casi ninguna
institución en Chile se salva y todas, cual menos, cual más, caen en
este cada vez más atractivo “emprendimiento”. Nos estamos cimentando
como nación en la trampa, en la “viveza”, en el “avispado”, por cada
lado y a diario y por décadas el hacer trampas, aprovecharse de los
demás, se ha naturalizado. Por tribunales vemos un desfile de
prohombres, honorables, figuras distinguidas, connotados integrantes de
nuestra sociedad que sin descaro roban, desfalcan, usan mal los dineros
fiscales, casas, vehículos, becas para los hijos y parientes, asesorías
para instituciones que son un disfraz barato de los partidos políticos,
agrupaciones o simplemente para el propio bolsillo. Algunos hablan del
“estallido delictual” para referirse en forma despectiva e intentar
minimizar el clamor popular que salió a las calles precisamente para
reclamar, entre muchas cosas, los casos de corrupción que francamente ya
me tienen apestado, enojado, furioso en realidad. Se olvidan o se
callan sabiendo (lo que es peor), que el “estallido delictual” viene
arrastrándose por décadas y que poco a poco fuimos consolidando un nuevo
tipo social: “el vivo”, “el avispado”, el que no tiene ya decencia y, a
sabiendas (insisto, es lo peor), simplemente ha hecho del engaño, la
trampa un estilo de vida y una manera de ascensión social que a nuestros
padres y abuelos repudiarían. Por los medios de comunicación (los que
se salvan, obvio, y verdaderamente informan -no los vendidos, que son
mayoría-), nos enteramos de un abuso de poder francamente vomitivo, no
hay semana en que no salga un caso de corrupción y no es menos casual
que preferentemente estos casos siempre estén asociados a la manera de
hacer política y al manejo y control (a estas alturas prácticamente
inexistente), de las distintas organizaciones estatales. Todavía ronda
el fantasma de Soquimich y vimos cómo (aberrantemente, insisto), la
clase política enterita, pero enterita, cerró filas y se protegieron
como hijo único. Ni hablar de los altos mandos de las FF.AA. que a estas
alturas han ensuciado a todos quienes visten por vocación verdadera
usan uniforme, doy fe de ello en la cantidad de exalumnos, apoderados y
parientes que se avergüenzan por lo que está pasando y de lo cual ellos
no tienen arte ni parte, y allí están los generales, directores, sus
esposas (hasta las esposas metidas en el asunto), que siguen como si
nada amparados y protegidos por un sistema judicial (insisto, otra vez),
que pone todo su rigor en el robo de una gallina que en la millonada
que nos han robado sin descaro estos cara de palo. La decencia, la
honestidad, el buen vivir, el surgir por tus propios medios y esfuerzo
personal, se fueron a la cresta, los ladrones que vienen provocando un
“estallido delictual” por décadas y décadas, reciben sanciones que son
un chiste y malo y fome y podrido. Pena remitida (o algo así, disculpen
amigos abogados), recibe por ejemplo un tipo que en su parcela tenía
nada más y nade menos que estatuas robadas, allí en sus jardines
ostentosos y con todo el dinero inimaginable, el tipo era un reducidor,
compraba cosas robadas y la justicia (¡qué bien calza eso de ciega!), no
lo toca ni con el pétalo de una rosa, pero anda tú a atrasarte en una
cuota de un hipotecario y te lanzan el ejército de representantes
legales para que pagues o, lo peor, pierdas tu vivienda, allí sí que
“las instituciones funcionan”. Lo de las alcaldías de Las Condes y Lo
Barnechea (como casi en todo el país), es cosa instalada, es cosa sabida
(recuerden Natales, sin ir más lejos) y a la espera de que la justicia
haga lo suyo, defendemos a ultranza el principio de inocencia hasta que
se pruebe lo contrario, bien, me parece. Pero, cuando se develan robos
(no es otra cosa): ¿clases de ética, acuerdos judiciales, tirar unas
cuantas monedas?… No hay sanción y la impunidad (hija putativa de la
corrupción), se pasea sin control alguno. ¿Dónde están nuestras
autoridades, nuestros honorables representantes?… La mayoría de ellos
(salvo excepciones), haciéndose los #$%&#, porque cuando alguien te
pone en la mesa millonadas para ganar una elección, tarde o temprano te
pasan la boleta, por algo han sido tan caras de $#%&? que removieron
a un Fiscal Nacional e intervienen Impuestos Internos. Así son, así han
sido y la única manera de detenerlos en no votar por ellos. Los que hoy
hablan de probidad y mejorar Chile, provienen de los mismos bloques
partidistas que se hicieron los huevones cuando la podredumbre también
era parte de ellos. ¿Entiende por qué no hay elegirlos nunca más?…
Espero que así sea porque no veo otra forma de erradicar este mal que
tanto daño nos ha hecho a todos. Como siempre, para todos, un abrazo.

P.D.: menos para los corruptos y todos los que se han callado por años y años… ¡Fuera con ellos!

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