Crisis de autoridad

Un
grupo de diputados de Renovación Nacional pidió al candidato
oficialista, Sebastián Sichel, bajar el tono con el cual confrontó a los
parlamentarios de la coalición gobernante por eventuales apoyos a un
cuarto retiro del 10%. ‘Si llega a ganar y envía proyectos de ley al
parlamento, va a necesitar a las bancadas’, lo desafío el diputado
Miguel Mellado. En la otra vereda, el presidente del Partido Comunista
Guillermo Teillier y el líder del Frente Social Regionalista Verde,
Jaime Mulet, le pidieron una reunión al candidato de Apruebo Dignidad,
Gabriel Boric, para expresar su disgusto con el relato moderado que
estaría instaurando su candidato. Con anterioridad, el aspirante
magallánico se había visto contrariado por líderes del PC debido a su
posición contraria a un cuarto retiro de los fondos previsionales, la
que finalmente desechó.

Desde
el siglo pasado las ciencias sociales nos venían advirtiendo acerca de
un fenómeno que cada vez se profundiza más. ‘El postmodernismo suele ser
tratado, tanto por sus protagonistas como por sus antagonistas, en
tanto que crisis de la autoridad cultural´, advirtió Craig Owens al
analizar el contexto que lo rodeaba. Los metarrelatos que legitimaron la
modernidad hicieron crisis después de la tragedia de la II Guerra
Mundial, y con ello arrastraron, y continúan haciéndolo, a buena parte
de las ideas tras las cuales había un consenso. Ello –el desmoronamiento
de estas representaciones- aún no concluye, y lo que estamos
vivenciando como sociedad es prueba de ello.

La
crisis de autoridad a la que asistimos se encuentra en su apogeo. Los
últimos años se han encargado de hacerlo notar; no solo los gobernantes
lo están sufriendo, sino que también cualquier figura que en el pasado
se haya erigido autoridad: los profesores, los economistas, los
científicos, las policías, las iglesias y los mismos parlamentarios,
entre otros, ya no inspiran el respeto ni admiración a la que estaban
sujetos.

Lo
recién mencionado viene ocurriendo hace décadas. Sin embargo, apenas
durante los últimos años, el fenómeno ha penetrado en áreas que hasta
hace poco parecían inmunes. El postmodernismo debilitó a casi cualquier
autoridad, pero lo que se manifiesta hoy es, al menos, digno de un
acucioso análisis. Sucede que las voluntades, a partir de sus propias
decisiones, deciden someterse a una autoridad para luego, sin la
necesidad de violentos giros ni excepcionales crisis, darle la espalda o
incluso confrontarla. Es, en buenos términos, lo que acontece en la
política a nivel mundial y, por cierto, lo que estamos atestiguando a
nivel nacional. Los partidos eligen a un candidato a quien al poco andar
deciden no respaldar y/o derechamente encarar. Los mismos militantes,
que bajo las directrices de su propia conciencia se han sometido a un
proyecto colectivo, dan la espalda a la autoridad que ellos mismos
eligieron.

No
cabe duda de que ni Sichel ni Boric podrán hacer frente a un fenómeno
que los supera. La autoridad sufre de una profunda crisis y necesitarán
más que frases grandilocuentes o discursos autoritarios para enmendar el
rumbo de un barco que no tiene timón.

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