A
nivel global, la educación es considerada un factor de producción, pues
permite acabar de raíz con muchos problemas económicos de una nación y
funge como instrumento regulador de las desigualdades sociales. Un nivel
bajo de cualificación dificulta cubrir los puestos de trabajo
especializado, origina un menor crecimiento del Producto Interno Bruto
(PIB), además, presenta serias dificultades a la población de comprender
sus derechos, obligaciones, los procesos cívicos y comunitarios,
promueve la desigualdad social, la marginalización y la pobreza. La
deficiencia educativa se puede entender como educación de “baja calidad”
y cuando se cumplen los objetivos se entendería como “educación de
calidad”. Otra dimensión de la “calidad educativa” es la capacidad de
los procesos de enseñanza y aprendizaje para lograr los objetivos de la
educación, así, la Problemática Educativa es parte de
la formación docente y constituye un proceso continuo de adquisición,
estructuración y reestructuración de conocimientos, creencias,
competencias y valores de sentido para el desempeño del profesorado, en
especial en pleno siglo 21, donde el avance científico y tecnológico ha
sido tremendo. Basado en esta reflexión, y pensando fundamentalmente en
calidad, capacidad docente y cobertura escolar de la educación pública
de Chile, tenemos que decir que estamos en un muy mal momento, al borde
de una tremenda crisis educacional, en primer lugar, la calidad de la
educación de nuestro país es absolutamente deficitaria, los resultados
del Simce lo demuestran, para ambas modalidades, los educandos no saben
leer, no entienden lo que leen, esto es grave, y si le agregamos además,
que no saben escribir, entonces es obvio que los resultados de los
procesos aritméticos sean tan o más malos que los de lecto escritura,
pero esto no es todo, hay que sumar otros factores que son aún más
preocupantes; los problemas de cobertura, es decir matrículas, los
colegios públicos en su mayoría están despoblados, a mitad de su
capacidad de infraestructura, y en algunos casos, menos que eso, esto es
alarmante, con suerte tienen a 20 alumnos por curso, para que decir de
las altas tasas de inasistencias escolar, más del 30%, altos índices de
deserción escolar, excesiva cantidad de alumnos repitentes, dotaciones
sobrepobladas, colegios con menos de 350 alumnos y con más de 100
funcionarios, incluye profesores y asistentes de la educación, y si a
toda esta gestión deficitaria le agregamos el alto número de
funcionarios contratados en las administraciones centrales, sean estas
DAEM o CORPORACIONES MUNICIPALES, llegamos a la conclusión que esto es
inviable económicamente, la realidad lo demuestra, ósea una verdadera
debacle, desgracia que afecta a los jóvenes de las familias más
vulnerables de Chile. A lo anterior, y sin ser negativo, hay que sumar a
estas situaciones otras que también han hecho mucho daño; leyes y
normas que no se condicen con el objetivo principal de la educación,
mejorar la calidad, menos se pueden dejar de lado las acciones que
deterioran profundamente el sistema educacional, paros, tomas, huelgas,
licencias médicas, permisos administrativos, y lo más grave, algo que
pusieron de moda los señores pingüinos, la violencia y la destrucción,
estos dos
últimos flagelos son ejemplos para los educandos, tanto en su manera de
relacionarse como para arreglar sus diferencias, por lo tanto, al
interior de los colegios observamos riñas, peleas y bullying, y como
broche de oro, y para cerrar, la deficitaria formación docente y la
falta de capacitación, elementos clave para lograr mejorar la calidad
del proceso enseñanza aprendizaje. Estimados Lectores: Chile y los
chilenos no soportamos más una mala educación, de seguir así, nos espera
a la vuelta de la esquina, la pobreza, la marginalidad, la cesantía, la
desigualdad social y la falta de productividad, de los responsables de
este desastre, inubicables, sabemos que están muy calladitos, solo
quedan sus slogans, educación gratuita, de calidad, con equidad y justicia social, la ciudadanía tiene la palabra.