La política tiene una mala costumbre de responsabilizar el uno al otro cuando explota una crisis. Eso pasa de gobierno en gobierno (más aún cuando son de distinta ideología) y en la educación, lamentablemente no es la excepción.
La crisis educativa en Atacama tiene que ser un punto de alerta en todo Chile. No basta con tratar de buscar responsables entre las autoridades de ayer y hoy. Claramente el proceso de desmunicipalización, que prometía bajo una noble y buena intención fortalecer la educación pública, a todas luces no está siendo bien ejecutado. Lo más grave, que lo de Atacama parece ser la punta del iceberg.
Ya van casi 60 días de paro de profesores con casi 30 mil estudiantes sin clases ¿Se imaginan esta situación en Magallanes? Sería catastrófico. Los nuevos Servicios Locales de Educación que vienen a reemplazar a las municipalidades tienen, al ojo de los expertos y los propios legisladores, varios errores de conjetura, gestión e implementación no solo en la práctica, sino también en la propia ley.
Lo que pasa en Atacama, pionera en la implementación de los SLEPS, podría replicarse a lo largo del país. Partieron en 2020, y el año pasado, julio de 2022, una auditoría ya revelaba problemas serios de probidad y administración.
El propio gobierno ya habla de falta de gestión en los servicios. Con esto, y viendo la voluntad positiva que existe en el régimen político: ¿no sería lo más positivo congelar la reforma que pone en marcha los 70 servicios en todo el país? Pensando en los miles de estudiantes en esa región y el resto del alumnado en Chile, hay que reconocer que los SLEPS están al debe y que es importante una revisión.
La contingencia lamentablemente está tapando la gran crisis de educación que vive nuestro país. La gente que realmente toma decisiones a nivel central, pareciera evitar el eco de lo que ocurre, no solo lo de Atacama, también en los 50 mil estudiantes que abandonaron la educación en el año 2022 y los más de 227 mil que lo han hecho entre 2004 a 2021.
El gobierno, por supuesto que está al debe y falto de acción, gobernabilidad y de experiencia para hacer frente al desafío. Eso sí, todavía hay que mirar como una oportunidad los pasos del ministro Nicolás Cataldo, que ha sido capaz de mostrar mayor voluntad y conversar con quien está al frente. Hay que recordar que el gobierno perdió y por mucho tiempo, con la mala administración del exministro Ávila.