El
pasado fin de semana fuimos testigos de un hecho que dejó al
descubierto una tremenda inhumanidad en el norte del país. El mundo
miraba atónito cómo un grupo de chilenos y chilenas lanzaban a una
fogata las pertenencias de migrantes venezolanos que recién habían sido
desalojados por Carabineros.
Estas escenas quedarán en nuestro recuerdo como la peor cara de nuestra sociedad.
Estamos
hablando de quema de carpas, colchones, coches y hasta pañales de
bebés, cosas mínimas para subsistir, todo esto con la complicidad por
omisión de Carabineros de Chile; mientras que las víctimas de este
irracional y cavernario comportamiento miraban desesperadas cómo se
quemaban las últimas cosas que poseían.
Pero
más allá de este lamentable episodio, todo esto fue una gota más en un
vaso que se llena ante la indolente mirada del Gobierno chileno, quien
no ha querido impulsar en lo más mínimo una política migratoria.
Ya
no se puede desconocer que estamos en una crisis, es una realidad de la
cual hay que hacerse cargo, pero que este gobierno pretende
invisibilizar. Tanto así, que Sebastián Piñera tardó dos días en
referirse sobre lo sucedido, condenando el accionar desde una mirada
penal, desentendiéndose de lo político; cuando el Presidente se refiere a
las víctimas, lo hace mencionándoles como “Inmigrantes ilegales”, dando
cuenta de que para el mandatario no todas las personas somos iguales.
Y
es que, en definitiva, esta tensión que se está produciendo en el norte
del país es consecuencia de las políticas erradas del Gobierno de
Sebastián Piñera, quien en campaña prometía una “migración segura,
ordenada y regular”, pero que en la realidad ha fomentado políticas
restrictivas que no solucionan el problema, peor aún, llevan a quienes
migran lo hagan de forma insegura y sin planificación. Se les pone en
esta posición, a pesar de haber sido invitados por el mismo Piñera desde
Cúcuta en febrero del 2019, a través de un gran despliegue y show
mediático.
¿Qué
pretendía Sebastián Piñera en ese entonces? Claramente no era
solidarizar con el pueblo venezolano, por el contrario, fueron
instrumentalizados para mostrarse como defensores de los Derechos
Humanos. Pero una vez más vimos cómo esta defensa aparece sólo cuando se
trata de países con quienes tienen diferencias políticas.
Pero
tal vez lo más doloroso de las consecuencias de las malas políticas
migratorias, es la disputa que se genera entre los pueblos. Así nos
quieren, divididos, pues esto les ha permitido gobernar aún acabada la
dictadura.