Crisis

Es
una opinión extensamente compartida, que como país estamos inmersos en
una crisis. Alguien frotó la lámpara de donde salió un genio maligno que
recorre hoy el país. Los audios y los mensajes contenidos en un celular
han revelado verdades incómodas. Y de alguna manera la fábula del rey
desnudo, encaja con exactitud con lo que todos ven, pero que el poder y
los poderosos, se niegan a ver.

Como
toda crisis, contiene en sí misma una oportunidad. O nos vamos al
carajo o salimos bien parados de esta. Sin embargo, los encargados de
manejar la crisis y de superarla, pareciera que no están a la altura
intelectual ni moral de poder superarla con suficiencia. Porque se nota
demasiado que los custodios de la fe pública y de la representación
popular, quieren salvarse de la riada que está cruzando el país. Que se
hundan los que aparecen mencionados en algún chat, en un mensaje o en un
rumor de pasillo. Si no se está ahí, entonces se estaría libre de polvo
y paja. Y actuarán como catones en esta sociedad donde el que no corre,
vuela.

“Que
funcionen las instituciones” decía el ex Presidente Lagos, a propósito
de actuaciones ilegales de personeros públicos, tanto de oposición como
de gobierno. Una muy buena declaración de intenciones. El deber ser de
toda república. Pero claro, estamos en Chile, donde las instituciones
funcionan para el débil; para el que no está conectado al poder político
o económico. Porque la crisis actual es una de índole ética y moral y
de ahí, se vierte a la política y a la economía. Por eso que los pedidos
del caiga quien caiga y la caza de sospechosos, son tan frecuentes. Se
genera la sensación que puestos en la plaza pública los culpables de
todo, la redención llegará al país, el que podrá continuar con
“normalidad” después de guillotinar a los culpables. Qué mejor muestra
de ilusionismo al más puro estilo Copperfield, que hacernos creer que
unos pocos desdichados son los responsables del desaguisado al que
asistimos. Antiguamente se les denominaba cabezas de turco. Responsables
de todos los males, terrenales y espirituales.

La
pregunta que está implícita en esta trama, es si podremos salir de
ella. O por el contrario, como país descenderemos definitivamente unos
peldaños en la decencia social e institucional. Quienes venían a
redimirnos y a expulsar del paraíso a los corruptos, una vez en el
poder, usan las instituciones como botín de guerra y se reparten
codiciosamente las mieles del Estado. La crisis entonces es
generalizada. Se extiende como un arco iris de colores grises y oscuros,
que va de un extremo al otro. Y así, la pregunta de si podremos salir
de esta, va quedando sin respuestas, a la par que las esperanzas del
pueblo se congelan en un hielo amargo.

Algunos
piensan que la solución está en tener más Estado, porque ahí estaría la
virtud de la sociedad. Para ellos, se deben crear más órganos
estatales, para traernos una supuesta virtud de sacrificio por los
demás. Sin embargo, es evidente que todos o prácticamente todos los
casos de corrupción se desarrollan o se relacionan con algún órgano del
Estado. La corrupción viene del Estado o va hacia él. Si bien se fija,
es en el Estado donde los vicios se potencian y dejan en una
vulnerabilidad mayor, a los más débiles de la sociedad. Luego, si a
usted le prometen que el Estado será la solución a este problema, los
porfiados hechos dicen todo lo contrario.

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