Esta
afirmación –rotunda, clara, precisa, concisa- se renueva cada año, en
cada Semana Santa, desde hace tantos y tantos años, pero no deja de
sorprendernos por su trascendencia en la vida de millones y millones de
creyentes a lo largo y ancho de este mundo.
Es
que no sólo resucita el Hijo de Dios hecho Hombre, sino que también su
mensaje, sus mensajes, como “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” o
bien, “Serás el primero en servir y el último en ser servido”.
Que
perdonará a los que te han ofendido, que pondrás la otra mejilla y que
sólo el que esté libre de pecado se atreva a lanzar la primera piedra de
alguna acusación.
Cristo
ha resucitado y con Él, la luz de la Esperanza, la de la Fe y la
certeza de que las tinieblas rojas, negras, verdes o lilas, que han
amenazado a la Humanidad y amenazan hoy a nuestra Patria, pueden ser
vencidas y así, los oscuros designios del demonio y sus secuaces
terrenales no se concretarán finalmente aunque hayan dado algunos de sus
pasos.
Cristo
es la Vida, no sólo la eterna: es la Vida que da forma física y
espiritual desde el momento mismo de la concepción de un nuevo Ser
Humano y que debe ser respetada a toda costa y jamás abortada aunque esa
personita sea fruto de un acto criminal, como lo es la violación, o
porque es un embarazo no deseado…
Cristo fue golpeado, vejado, siendo inocente y justo, al decir de Santa
Claudia Prócula, esposa de Pilato, una mujer no creyente hasta esa
noche de Jueves Santo y por eso, sólo por eso, la sociedad actual no
puede ni debe repetir esa conducta abyecta de un populacho traidor que,
apenas unos días antes, abrió las puertas de Jerusalén y lo aclamó
agitando ramos de palma…. Y por eso esa criatura inocente e indefensa,
protegida sólo por Dios no puede ser asesinada, menos con la venia de su
propia madre.
Cristo
ha resucitado y nos ha devuelto la Esperanza de que, si nos unimos
quienes creemos en una sociedad de verdad solidaria, con valores y
principios que trasciendan lo inmediato, lo material o lo ideológico –
político, donde la Verdad nos hará realmente Libres, como lo afirmara
San Juan Pablo Segundo habremos de derrotar a la Mentira que se pretende
institucionalizar a un costo más que millonario por entes que no
cumplen a cabalidad el rol que esta sociedad les asignó.
Debemos
tener en cuenta, eso sí, que la tarea no es fácil: el demonio y sus
secuaces tienen poder, tienen dinero y muchas caras; que fue capaz de
tentar sin éxito al mismo Jesucristo, en más de una oportunidad y es por
eso que la lucha será ardua y partiremos rechazando, a partir de ayer,
el engendro de las propuestas, porque sólo son eso y nada más, que han
hecho los convencionales más extremos y sus “tontos útiles”.
CRISTO HA RESUCITADO Y CON ÉL NUESTRA FE, NUESTRA ESPERANZA Y NUESTRA FUERZA….
ADELANTE Y VIVO EL PASO… DIOS LO QUIERE….