Así
como lo señala la famosa novela de Gabriel García Márquez, hoy
comenzamos a vivir nuevamente la etapa 1 del Plan Paso a Paso, es
decir, cuarentena total. Una situación lamentable, absolutamente
prevenible y que sin dudas trae consigo mucha incertidumbre, dolor y
angustia. Y no solo en términos emocionales, sino para quienes ven cómo
se obstaculizan sus posibilidades de trabajo y emprendimiento.
Sabemos
que es la medida más extrema y que responde exclusivamente a resguardar
la salud y la vida de las personas. Por lo anterior, está en nuestras
manos el hecho de que se prolongue por un corto tiempo o si volveremos a
vivir los 115 días que vivimos confinados en el año 2020.
Independientemente de lo difícil que se vea el escenario, no podemos cuestionar que la mejor medida para
evitar el contagio es el aislamiento, evitar el contacto con otras
personas y utilizar correctamente las medidas de protección personal.
Pero, a pesar de que parece un mensaje reiterativo y hasta majadero, lo
cierto es que, a más de un año del inicio de la pandemia, parecemos no
haberlo entendido o tal vez no hemos podido dimensionar la
responsabilidad individual que tenemos en evitar la propagación de este
virus.
Hay
quienes dicen que la práctica hace al maestro, o que de los errores se
aprende, y debiese ser esta una instancia propicia para comenzar a
mostrar todo lo que hemos aprendido sin dejar que las minorías
irresponsables e indolentes nos hagan olvidar el gran objetivo de este
nuevo confinamiento.
Porque
cada día, en cada reporte del Ministerio de Salud, detrás de los
números informados, hay personas agonizando, familias sufriendo y seres
queridos que se encuentran llorando la pérdida de un integrante de su
núcleo más cercano. Cuando decimos que ya son más de 370 fallecidos,
estamos hablando de magallánicos que lucharon por recuperarse y no lo
lograron, y que tristemente no pudieron despedirse de su familia.
Es probable que aquel que no lo ha vivido no pueda imaginar
el dolor ni la angustia, y tal vez por eso se atreve a organizar una
fiesta clandestina o a desafiar la enfermedad con conductas temerarias. Y
es que a nadie se le puede desear el dolor de una pérdida tan
solitaria, pero sí podemos desear que con algo de cordura y real empatía
logremos ponernos en el lugar de quienes a partir de hoy se quedarán
sin la posibilidad de trabajar y generar ingresos para sus hogares, por
aquellos que están batallando por salir de la cama crítica y por quienes
aún tienen la esperanza de volver a ver a su papá, mamá, hijo/a,
hermano/a, amigo/a.
Como
Gobierno seguiremos trabajando para aminorar los efectos económicos y
sociales del confinamiento y esperamos que como magallánicos
contribuyamos con el autocuidado, la responsabilidad social y la
conciencia que necesitamos para salir rápidamente de esta nueva
cuarentena total.