Hace muchos años era común ver en los microbuses de la locomoción colectiva algunas calcomanías, una de ellas de contenido bastante sabio decía: “Ponga su cerebro en movimiento antes de poner su lengua en funcionamiento”, ese consejo parece apto cuando se trata de emitir alguna opinión por parte de aquellas personas a quienes el electorado le ha confiado la custodia del bien común, toda vez que una vez que se ha obtenido el cargo, se adquiere la representación del país, es decir, no sólo de su electorado, sino de toda la población de la República, lo que conlleva entre otras responsabilidades no incurrir en ofensas y menos aumentar el dolor de personas por un hecho traumático, peor aún cuando los dichos adquieren el carácter de mofa o burla, siendo además una explicación del todo innecesaria.
Todo el país fue testigo de una burla innecesaria en la que incurrió la semana pasada, ni mas ni menos que el presidente de la República, respecto de una persona que incurrió en suicidio, sólo por tratarse de alguien que no comulga con sus ideas, porque al parecer, todo su actuar está motivado única y exclusivamente por un actuar ideológico, que lo lleva a traicionar la prudencia que debiera ser propia de quien detenta el referido cargo, palabras burlonas que en la realidad lo único que hacen es por una parte aumentar el dolor de los deudos; y, por otro acrecentar la división existente en el país, la que por cierto ha ido en aumento desde el inicio de su gobierno.
Las explicaciones sobran o como dice un viejo dicho, “las excusas agravan la falta.”. Simplemente el odio fue mayor y lo llevo a emitir las críticas e injustas palabras que manifestó, olvidando que no se debe criticar a quien se quita la vida, lo que puede suceder por múltiples razones, los más por efectos de depresión, pero otros por distintas razones, como lo es una protesta viril, pero nunca por cobardía.
Podemos recordar a más de alguien que optó por quitarse la vida, como lo fue en el mundo de la cultura y las artes por ejemplo Violeta Parra, quien lo hizo víctima en su momento de una depresión reactiva a penas de amor y/o desilusión sentimental, creo que nadie la podría llamar cobarde por ello, simplemente decidió poner fin a su sufrimiento; podemos recordar al ex Presidente Salvador Allende, con quien se podrá o no estar de acuerdo, pero tampoco nadie lo podría tratar de cobarde por su determinación, ya que esa era la forma de perpetuar su memoria y de hecho así sucedió; algo parecido sucedió con el Presidente José Manuel Balmaceda, quien en 1891 hizo lo propio en dependencias de la legación extranjera que lo había acogido, dejando un testamento político que da más que para una columna, para escribir un libro y probablemente de varios tomos; y, así también ha sucedido con varios uniformados que de modo personal han estimado como injustas sus condenas, siendo el último de ellos el Brigadier General Hernán Chacón la semana pasada, por lo que aprovecho de remitir a su familia mis más sentidas condolencias, pero en estos casos, también se podrá o no estar de acuerdo con su determinación y con sus conceptos, el suicidio adquiere el carácter de protesta viril de quienes estiman que su condena no ha sido justa, que no merecen una privación de libertad, por lo que hacen un último llamado de atención que parece decir, no es justo que me vaya a la cárcel y no me voy a ir, sino que seré sincero conmigo mismo, considero que no tengo culpa y por lo mismo no tengo que pagar de esa forma y no lo haré, por lo que es preferible la muerte que ser víctima de una injusticia.
Repito, se podrá o no estar de acuerdo con ese concepto, se podrá o no opinar que sea justo o no lo resuelto por los Tribunales, se podrá o no conocer las respectivas causas y opinar al respecto, pero lo cierto es que un acto de protesta viril extremo como lo es quitarse la vida, no es criticable, menos imputable a cobardía, es más, en lo personal creo que se debe ser muy valiente para enfrentarse sin miedo a la muerte.