El
año 2008 participe en un congreso de estudiantes de posgrado y estudios
avanzados en la Universidad de Santiago de Chile, en ese contexto
conocí al profesor Bravo, quien dentro de la temática de estudios
sociales e impacto, comento el difícil desafío de cuantificar una vida
para justificar la rentabilidad de una política pública, en el fondo
“¿Cuánto cuesta una vida?”, comenzó su análisis señalando que cada
persona es única e irrepetible, con capacidades de creación innatas y
potencialidades que hacen casi imposible cuantificar su existencia a
meros números o monetariamente. Tras esa explicación extensa y que
representaba su pensar, comenzó a desglosar distintos elementos que
daban un valor monetario a la vida de las personas, desde su
expectativas de vida, generación de recursos, aporte a la sociedad y un
sinfín de elementos que dieron como resultado que la vida de una persona
valía 20 millones de dólares, considerando una vida relativamente sana y
capacidad productiva media.
Sin
embargo de aquella conferencia de humanistas netos regularmente viene a
mi mente en momentos en que el sistema de salud falla o los recursos
son inexistentes, la vida desde su concepción tiene un valor
trascendente que va mucho más allá que cualquier cuantificación
monetaria, sin embargo las políticas públicas muchas veces se ven
limitadas por los recursos escasos y la infinidad de necesidades.
Personas libremente asociadas han marcado diversas acciones claves en
beneficio del bien común.
Es
de esta manera que Fundaciones como Acrux en conjunto con la Armada de
Chile han enfocado su trabajo al traslado y prestación de servicios
médicos de especialistas en distintas zonas aisladas del país,
configurando un factor diferenciador importante brindando un servicio
que muchas veces no tiene un valor económico en sí, pues ante la
inexistencia de especialistas para la prestación de servicios médicos
simplemente nos recuerda que “la vida no tiene precio”.
También
es necesario destacar instituciones como el Ejército de Chile, quien a
través del despliegue del Hospital Modular de Campaña ha marcado un
importante aporte al desarrollo nacional, pero también a quienes que de
otra manera no podrían acceder a servicios médicos de alto nivel en
zonas aisladas, en donde se realiza una constante presencia territorial y
en donde cientos de miles de chilenos a través de todo el país son
parte activa de nuestra Patria , sin contar muchas con el apoyo o acceso
a servicios mínimos de subsistencia.
Es
de esta forma que a pesar de los intentos de mejorar y facilitar en
forma eficiente recursos aun vivimos en muchas zonas de nuestro país
problemas que eran del Siglo XIX, faltando acceso a medios mínimos y
dependiendo en el caso de salud de rondas medicas escasas y sin
especialistas, comunicación dependiendo de la adversidad climática y en
donde la fortuna también juega parte de la ecuación.
Un
operativo medico de especialista y el despliegue medico tiene un costo
monetario considerable, sin embargo una vida tiene un valor muy
superior, en donde privados y el Estado pueden generar la focalización
de recursos para que miles de vidas no se pierdan por la burocracia o
falta de recursos, para que personas mejoren su calidad de vida y puedan
seguir siendo un aporte en sus distintos campos de acción, es quizás la
divergencia de “falta de Word y exceso de Excel”.