En
las portadas nuevamente surge el debate sobre la Jornada Laboral en
nuestro país. Por un lado, se habla de flexibilidad contractual e
incluso indemnización a todo evento, mientras que por otro lado, se
habla de la reducción de la jornada a 40 horas de trabajo. Pues bien,
antes de entregar una opinión y tomar partido por una posición u otra
debemos informarnos sobre algunos detalles que son importantes. El
trabajo es un complemento a la vida, es lo que nos permite solventar
nuestras necesidades y con ello definir nuestro bienestar presente y
futuro. El trabajo para la economía no lo es todo, sino que es un medio,
de modo, que se requiere tener otros espacios de esparcimiento que
permitan disfrutar de momentos de ocio. Es con ello que las demandas no
se hacen esperar y si bien el tema de la distribución del horario
laboral ya se encontraba en debate, es la Masacre de Chicago la que da
pie a lo que hoy en día conocemos como Jornada Laboral. Esta masacre de
Chicago ocurre entre el 1 y el 4 de mayo del año 1886 en donde la idea
es la distribución de las 24 horas en 3 bloques: 8 horas de trabajo, 8
horas de ocio y 8 horas de descanso. Las manifestaciones fueron
creciendo y el 4 de mayo se produce la matanza en la Plaza de Haymarket
con 8 personas fallecidas y con 8 detenidos de los cuáles 5 fueron
sentenciados a la pena de muerte. Estos sucesos dan origen a la
conmemoración del 1 de mayo que año a año celebramos más bien como una
tradición y en muchos casos sin recordar estos sucesos. El año 1926
Henry Ford incorpora en sus plantas de trabajo la mencionada jornada en
donde se logran grandes niveles de productividad lo que a su vez permite
imponerse frente a sus competidores. No obstante, esto tan sólo forma
parte de la historia, ya que esta tradicional distribución de horas
responde a las necesidades de una determinada época y no a la
actualidad, en donde largas horas de trabajo sólo llevan a cansancio
excesivo y con ello a estrés. Una muestra de aquello es el Informe
entregado por la Comisión Nacional de Productividad 2017 que indica como
la productividad cae de un 1,2% para el periodo 2000-2005, a un -0,2%
para el periodo 2010-2015. Es sencillo, la jornada laboral actual
ocasiona brechas en el desempeño de los trabajadores. Para los países de
la OCDE el promedio de horas trabajadas es de 1.687 horas anuales. En
Chile esa cifra asciende a 1.825 horas anuales, es decir, anualmente
trabajamos 138 horas más y de acuerdo al mismo organismos somos 2,5
veces menos productivos que los países que conforman dicho bloque
económico. Es con esto, que los datos no mienten. Es innecesario para
nuestro país tener jornadas de trabajo largas, ya que el problema no
radica en dicha jornada, sino que más bien el problema radica en la
productividad de nuestro capital humano. Tenemos un inconveniente en la
educación que no hemos logrado solucionar en al menos 40 años. En Chile
se pensó que nuestra productividad se solucionaba tan sólo con el acceso
a la educación superior, pero el problema es mucho más profundo, ya que
en nuestro capital humano no se han desarrollado otras herramientas que
son muy importantes y que forman parte de la cultura social. Con ello
hablamos de la proactividad, de la innovación social, entre otras. En
definitiva, la jornada laboral es tan sólo la punta de iceberg y es
urgente disminuir la cantidad de horas de trabajo a 40, pero con un
programa complementario que permita soslayar la ausencia de habilidades
críticas de muchos nuevos trabajadores.