Podrán argumentar que los movieron intereses superiores, que el bienestar de nuestros niños, que la institucionalidad no mejora las condiciones y regulaciones del Sename, que seguimos (bajo el criterio del subsidio), pagando a privados por una labor que a todas luces debe realizar el gobierno, podrá incluso apelar a su trayectoria, a su consecuencia, al santo de turno, a la curandera del barrio, al que lee el tarot… Pero, una cosa no han aclarado: han pasado años y gobiernos por medio (no solo éste como han querido hacer creer los oportunistas de la derecha obviando que en “el mejor gobierno de Chile” igual murieron niños) y los más precarizados de nuestra sociedad siguen sufriendo horrores.
A veces, y sin caer en la visión apocalíptica que algunos me atribuyen, siento cada vez más firmemente que la política actual no ha servido para solucionar las urgencias de la gente y que, embarrada tras embarrada, pueden morir 100, 200, mil niños y a nadie le importa. En cualquier otro lugar o en cualquier otra lógica los encargados de estos organismos ya debieran estar presos, imputados por negligencia absoluta, por complicidad en muertes, pero acá no, acá los justificamos, los blindamos asquerosamente, los premiamos, les damos otros cargos y, como el perro con su mierda (sic), pretendemos arrojar tierra y nada ha pasado. Les puedo entender su lógica legislativa, pero no apuntar a los culpables de estas aberraciones me parece casi de complicidad criminal.
Sigan con sus presupuestos, con sus indicaciones, con sus reparos a los proyectos, sigan con sus comisiones trabajando y estudiando arduamente mientras siguen muriendo niños… Un mínimo de pudor, de vergüenza, dejen su retórica y grandilocuencia, admitan que la cagaron (sic) y punto, pero no, no son capaces de bajar del Olimpo, no son capaces de autocrítica, (mal que mal no conozco mesías que se retracten), dejen el Oráculo de lado, ustedes no la saben todas, ustedes no son infalibles, ustedes no son poseedores de la verdad, por su soberbia y bajo sus disquisiciones murieron niños, ¿entienden eso?, se murieron niños, mientras ustedes discutían en su honorable Cámara, en los centros del Sename morían niños, mientras ustedes se demoraron 2, 3 años, seguían muriendo menores, así de contundente y así de macabro… No se trata de apuntar los dardos a una sola persona para ocultar el verdadero descalabro, pero no me digan que no fue ésa la intención del Gobierno, no me digan que lo que se persigue es proteger a alguien que no merece resguardo alguno, no me digan que ésta no es una práctica habitual en la política nacional.
La mentada (y, obviamente favorecida Javiera Blanco), es una de tantos que se pasea por el espectro político nacional dejando tras de sí un reguero de suciedad, no es la primera y (lamentablemente) no va a ser la última porque al momento del poder en las manos, caemos en el juego de los acomodos, de los puestos de trabajo para el amigo del amigo, para el pariente del pariente y las urgencias de la sociedad siguen a la zaga, el pariente pobre de la intencionalidad legislativa, el parche, el mentolato para el resfrío, la aspirina… Es cosa de ver lo que pasó: la gente optó en las primarias por un candidato con un historial más que cuestionable (por decir lo menos), pero no, acá el hacer mal las cosas y no responder por ello es ya prácticamente folklore nacional. En serio, lamentable tanta justificación ante lo injustificable, tanta complacencia ante la muerte, tanta lágrima de cocodrilo que al final no sirvió de nada… La muerte de un niño no aguanta justificación alguna. La muerte de un niño es una bofetada al “alma de la patria”. Para todos, como siempre, un abrazo.