Cuarto retiro, pan para hoy…

Mucho
se ha discutido estos días sobre un cuarto retiro de los fondos de
pensiones como medida para ayudar a las familias mientras la pandemia
siga afectándonos económicamente, “ayuda” que, en realidad, solo
disfraza la falta de un Estado más garante y protector para estos
eventos, ya que, atendida una emergencia sanitaria que trajo consigo
desempleo y graves afecciones en la economía de los chilenos, parece no
ser suficiente un IFE que, además, no llega a todos los sectores, y
dentro del rol que espera cumplir tampoco satisface totalmente las
necesidades actuales, más aun cuando vemos en constante alza los precios
en productos esenciales; y ni hablar de las bencinas, que al momento de
esta redacción ya marcaban todas sobre mil pesos.

De
aquí el análisis en cuanto a que estas medidas solo vienen a demostrar
que cuando más se necesita una protección por parte del Estado, menos
parece existir, porque si en Chile hemos logrado sobrevivir a una crisis
tan grande producto de la pandemia, ha sido por los fondos que cada uno
con esfuerzo juntó en su cuenta de capitalización pensando en una mejor
vejez, o al menos en una vejez digna, y no como un seguro de emergencia
para casos en los que, a falta de un Estado que protege, debo
protegerme solo y con fondos destinados al anhelado descanso. Entonces
resulta algo disonante, que si bien es nuestro dinero, y por tanto
podríamos destinarlo a nuestros fines específicos [que sin duda es mejor
tener en nuestras manos, aun sin uso, antes que mágicamente desaparezca
por pérdidas en los fondos, que solo hacen perder a quien cotiza y no
al administrador de estos], debamos ocuparlo como un seguro, como un
comodín para salvaguardar nuestro bienestar, sin medir las consecuencias
futuras que traerán estos retiros, porque ya para el tercero casi cinco
millones de personas quedaron sin dinero en sus cuentas, situación que
sin duda aumentará considerablemente la cifra de ese millón y
medio
de chilenos que hoy viven entre pensión solidaria básica y aporte
previsional solidario, para cuando quienes ya no tienen fondos tengan
que pensionarse.

Por
todo lo anterior es que el debate no debería centrarse en si son buenos
o no los retiros, porque para quien suscribe siempre será mejor que
podamos optar a una libre administración de nuestros fondos, pensando en
que retirarlos no significa gastarlos, sino optar a la administración
personal de estos, por cuanto el foco no es el retiro propiamente tal,
sino que a través de este tengamos que sobrevivir a una pandemia cuyos
coletazos han sido muy fuertes, cuando podría ser el Estado el que, con m
ejores
políticas públicas, se haga cargo de una necesidad nacional,
propendiendo al bien común no solo actual, sino también futuro, evitando
así tener en unos años cerca de siete millones de pensionados a quienes
proteger con pensiones solidarias, por no haber sido más eficiente en
el control de los retiros y en los fondos que no volverán.

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