La Presidenta no ha tenido un gobierno fácil. Fue complejo y la historia
construirá su propio relato sobre su legado. Un Chile con la frente en alto,
como lo señaló, pero también con tensiones e impaciencia.
Un Chile de contrastes injustos, donde prácticas indeseables se volvían
habituales; donde las debilidades en la economía y la política se convertían en
un freno para el progreso y donde las buenas rachas no estaban siendo
aprovechadas para el desarrollo. Sobre todo, un Chile que no había hecho suficiente
por acabar con las grandes desigualdades que arrastraba, abusos que se
mantenían y que frustran los esfuerzos que hacen las personas y sus familias
por surgir. Un Chile con un malestar profundo por tantas barreras invisibles
que impedían el progreso de sus ciudadanos y que les ponían techos arbitrarios
a su bienestar.
Un Chile con una certeza: en una sociedad que mantiene las inequidades y
los privilegios, el trabajo duro y el sacrificio de las familias no rinde, y la
dignidad no se reconoce. Que si impera la pura lógica de mercado, temas vitales
como la educación, la salud o la vivienda pasan a ser bienes de consumo, que
crean divisiones entre quienes pueden y quienes no pueden pagarlos. De eso se
trató su cuenta.
De contrastar la realidad con los sueños. Y salió airosa. Para muestra de
su gestión quedan resonando en nuestros oídos y en los corazones de cientos de
miles de chilenos algunos datos: 257.000 jóvenes estudiando gratis en la
educación superior, jóvenes con nombre y apellido, con historias de esfuerzo y
esperanza, para quienes estudiar implica hoy el desafío de aprender, no el de
hipotecar su mañana, familias que hoy ven a sus hijos hacerse grandes sin
angustias ni deudas, con la promesa que al año 2018 la gratuidad en educación
superior, universitaria, técnica y profesional, se extenderá al 60% de los
estudiantes más vulnerables.
La Presidenta fue clara al señalar que debemos estar atentos y no nos
engañemos: quien quiera echar pie atrás en una política seria, inclusiva y
responsable –como es la gratuidad en la educación superior– le estará dando la
espalda a Chile y a las familias chilenas. Por otra parte en un tema sensible
para la población dio cuenta del avance en materia de salud. A marzo de 2018,
21 hospitales quedarán construidos, entre ellos los hospitales de Puerto
Natales, Porvenir y Puerto Williams. 21 SAR (Servicios de Atención Primaria de
Urgencia de Alta Resolución) en operación, que buscarán solucionar las
falencias que, pese a los avances en salud, siguen existiendo, mayor gestión y
resolutividad en la Atención Primaria; 31 centros comunitarios de salud
familiar en operación y 45 con obras terminadas; 22 Cesfam ya en operación y 21
con obras terminadas. Es decir que ya existen 157 centros terminados o en
plenas funciones.
Es un gran salto en salud oportuna y cercana a las familias si se compara
con el período anterior, que entregó solo 63 nuevos consultorios. Entre el 2015
y el 2017 más de 1.000 nuevos médicos y odontólogos ya están apoyando la
atención en la salud primaria. Además, 3 mil 153 profesionales han iniciado su
formación en especialidades médicas y odontológicas. Por otra parte la
Presidenta se explayó en avances en la economía, el empleo, crecimiento
económico, energías, pensiones, infancia, seguridad, cultura, conectividad y
otras importantes materias.
Terminó con interrogantes sobre el verdadero sentido de la política, el
servicio público y el funcionamiento de sus instituciones, haciendo un llamado
a la unidad. Unidad en la acción y lealtad a los principios.
Sin lugar a dudas lo que ha dado gobernabilidad al progreso es nuestra
unidad y es lo que debe asegurar la consolidación de nuestras reformas y los
avances en el futuro. Y podemos sentirnos satisfechos y orgullosos de lo que
hemos hecho. Yo lo estoy, dijo la Presidenta. Y es verdad, hemos enfrentado las
consecuencias de la ideología de mercado, que le pone precio a todo y que
enfrenta a las personas entre sí. Hemos enfrentado el individualismo, y
promovido un modo de convivencia y de desarrollo que le da su lugar a la
solidaridad, porque para vivir bien nadie se basta a sí mismo. Una cuenta que sólo la historia evaluará. Por
de pronto. La tarea hecha.