Han sido ocho las oportunidades en que Michelle Bachelet, en calidad de Presidenta de la República, ha subido al podio del parlamento para entregar su visión y la de su gobierno respecto de la marcha del país, sus logros, sus inversiones y su problemática social, económica y política.
Esta vez, al revés de otras ocasiones, la última cuenta pública de Bachelet se ha dado en un escenario complicado en lo político – electoral; en lo económico; en lo académico y hasta en lo internacional.
Lágrimas más, lágrimas menos. Salidas de libreto que estaban, a ojos de expertos en comunicaciones, “fríamente calculadas”; un par de sonrisas, frases con toque risueño, y uno que otro vaso de agua para aclarar la garganta en una exposición que duró más de dos horas, hizo recordar las intervenciones de otros líderes de América, a los que, en su oportunidad, la Presidenta entregó su devoción.
Es decir, no presentó, con innegable habilidad, los problemas reales que inquietan a los chilenos: salud, educación, cesantía, corrupción y delincuencia.
Tampoco hubo menciones directas y concretas al proceso de descentralización de Chile y es evidente que el poder concentrado en “las ocho manzanas del centro de Santiago” impuso una nueva línea del Metro, a un millonario costo en dólares, aunque repitió algunos regalos para Valparaíso, por ejemplo, con la extensión del Metroval hasta La Calera, previa reparación del túnel San Pedro y la recuperación de los terrenos ferroviarios en el centro de la ciudad de Quillota, y la renovación de carros en otros sitios y ramales ferroviarios.
Es que las próximas elecciones presidenciales, parlamentarias y de “cores” de noviembre complican a quienes buscan, a toda costa, seguir aferrados al poder, que tan buenos dividendos económicos les ha redituado.
Cierto, porque el senador Alejandro Guillier aunque sigue a la caza de Sebastián Piñera le faltan votos para lograrlo, y él mismo debe cuidar sus espaldas (y sus talones, dicen algunos socarrones) de la candidata Beatriz Sánchez.
¿Cuánto daños ha causado la postulación presidencial de la senadora DC Carolina Goic a sus aliados de la Nueva Mayoría en el ayer cercano, pese a que su candidatura no logra prender en la opinión pública?
¿Y MEO; Roxana Miranda y Alberto Mayol, cuánto más? Se preguntan los expertos electorales que también evalúan lo que podría afectar a Piñera el accionar de Manuel José Ossandón, Miguel Kast y José Antonio Kast o Franco Parisi a todos los anteriores.
Por eso fue que Bachelet llama a la “Unidad de los demócratas progresistas”, separando aguas de los “demócratas que no son progresistas” o que, lisa y llanamente, ven en el sistema democrático un trampolín para sus fines y objetivos anarquistas o seudo autonomistas.
Los aplausos y vítores de parte de los concurrentes al salón de honor del Congreso no son suficientes para resucitar, por sí mismos, a una alianza política y electoral apenas soldada por el amor enfermizo al poder y sus ventajas en lo económico, principalmente, porque en otra circunstancia los socialistas y los comunistas hubieran podido dejar atrás el “Venceremos” de Allende y adscribirse al “Invertiremos”, de la Comisión del Patrimonio o de la sociedad unipersonal de un “militante de confianza” del partido de la hoz y el martillo.
¿Qué pasó con Rodrigo Peñailillo; Carlos Ominami, Sebastián Dávalos Bachelet, Natalia Compagnon, nuera de la Presidenta; Fulvio Rossi; Guido Girardi?
¿Vientos de unidad en la izquierda?
Gritos más, gritos menos. Consignas más, consignas menos. Arengas desesperadas por la cercanía de una probable derrota electoral.
Habrá que esperar, porque las respuestas serán duras, partiendo por la calificación de cuenta “autocomplaciente”, lanzada por Sebastián Piñera o que “las cuentas no son cuentos”, disparada por la oposición de centroderecha o “falta mucho por hacer” de Gabriel Boric.
TAREA DIFÍCIL
Es que la tarea para estos nueve meses de gobierno que aún le quedan a la Presidenta Michelle Bachelet y al conglomerado oficialista no se presenta fácil y esa es la razón para seguir bregado por la despenalización del aborto; por la ley para universidades estatales; las uniones de personas del mismo sexo; un mejoramiento de las pensiones en un 20 por ciento sin dar señales de dónde se obtendrán los recursos necesarios para ello, entre otros anuncios lanzados en el desarrollo de la última cuenta presidencial de Bachelet.
¿Y la economía creciendo a sólo un cero coma uno por ciento? ¿El precio del cobre a la baja. El del petróleo al alza igual que la cesantía y la delincuencia? ¿Problemas reales que una nueva Constitución, discutida hasta por chiquillos de quince años, será capaz de solucionar?
MAGALLANES OLVIDADO
Hubo menos de media docena de menciones para Magallanes en la última cuenta presidencial de Bachelet.
Tres fueron para los hospitales (sin especialistas asignados aún) que quedaron de herencia del gobierno anterior: Puerto Natales, Porvenir y Puerto Williams.
El aeropuerto de Natales; una mención a Punta Arenas y el parque marino en el área del Cabo de Hornos más la red de nacionales desde la región de Los Lagos a la nuestra.
La nada misma porque aunque se lancen cifras de recursos millonarios aportados a las zonas extremas de Chile, para los magallánicos comunes y corrientes, es difícil de asimilar en forma adecuada, porque “obras son amores y no buenas razones”, como se afirma por ahí.
Y, como buenos magallánicos que algo sabemos del juego del truco, después de todos esos cantos de la última cuenta pública de Bachelet y ante la arenga de la humildad que podría equivaler a lanzar a la mesa el as de bastos como triunfo seguro en lo político – electoral, la región “le pone la dura” a tanto canto preguntando, con un as de espadas en las manos: ¿Y la Fibra Óptica Austral por territorio chileno?
Claro, se ganó este partido, pero seguimos de perdedores porque el olvido y el centralismo, pesan más que las Torres del Paine.
La arremetida del gobierno en sus últimos nueve meses trata de reunir a la Nueva Mayoría en torno a temas valóricos que dividen a los chilenos como el aborto o matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo.
El proceso de descentralización quedó oculto bajo una nebulosa de palabras al punto que Magallanes apenas fue mencionado: hospitales que datan del gobierno anterior; parques creados gracias a Douglas Tompkins y un área marina protegida en la zona del Cabo de Hornos.
No hubo mención alguna para la Fibra Óptica Austral.