A
penas dos días del mes y ya estamos llenos de material para compartir y
comentar. Junto a la primera cuenta pública del segundo tiempo que
juega en cancha el presidente Gabriel Boric, podemos observar cómo su
aprobación baja del histórico 30% que le acompañó de arco a arco en los
primeros 45 minutos de este partido. La diferencia con el futbol es que
gobernar este segundo tiempo no cuenta con minutos de extensión que
puedan mejorar el marcador, y que se vuelve evidente como el estadio se
queda cada día con menos fanáticos, y somos cada vez mas los que
anhelamos que llegue con urgencia el cambio de director técnico.
Así
como todo equipo tiene un capitán, todo gobierno debería tener un líder
cuya gestión permita que los goles celebrados, sean proyectos que, al
ser presentados, cuenten con respaldo y aprobación; sin embargo, esa no
ha sido la realidad de esta administración, que prometiendo muchos goles
antes de entrar en cancha, se quedó a mitad del juego sin las estrellas
de su selección: tarjeta roja para Izkia Siches y Giorgio Jackson.
Sumando goles en contra, rechazados los dos proyectos de constitución;
como si la derrota no fuera dolorosa, falta de liderazgos en el
oficialismo, le entregan la presidencia del Senado a la oposición; como
si todas estas señales no fueran suficientes para cambiar la estrategia
de equipo, las encuestas presidenciales las lidera el equipo goleador. Y
aun con todo, como si el marcador pudiera cambiar de ultimo minuto, y
como si nadie observara atento el movimiento de cada jugador, prometen
que todo estará bien, y que “ahora sí que sí” será posible la
celebración.
Resulta
vergonzoso y ofensivo escuchar que hoy día estamos mucho mejor; me
parece un insulto dantesco escuchar de nuestra máxima autoridad nacional
que esta administración ha devuelto la esperanza, y que las necesidades
de los chilenos están en completa sintonía con su gestión.
Promesas
más, promesas menos, ésta ha sido la cuenta pública de los hechos
futuros, donde “crearemos”, “presentaremos” y “trabajaremos” se ha
tomado el discurso de su creador, cuando la exigencia estaba,
considerando que van de salida, que se trate de la presentación de obras
resueltas, donde “creamos”, “hemos presentado” y “trabajamos” se roben
el protagonismo de esta importante ocasión. Quizás antes, con menos
información y menos personas expectantes al discurso, hablar bonito
parecía una buena solución para hacer creer que “algo estaban haciendo”
por la extensión de aquella declaración, pero el Chile actual con ojos
abiertos y oídos atentos, sabe bien que hablar mucho sin decir nada,
puede ser el peor error, porque solo ataca al receptor.
Por
lo tanto, ¿de cuenta pública? ¡Muy poco!; y aunque esta vez sin público
que ovacione, ¿de cuento? ¡muchísimo! Porque una vez más escuchamos
promesas que no traen consigo una solución. Y aunque el “miente, miente,
que algo queda” les permitió llegar al gobierno, no se olviden que,
para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado, ya que, si las
mentiras salen por nuestra boca, es también por la boca donde muere el
pez.