Cuesta abajo en la rodada

Cuando
el año 2021 fue elegido el actual gobierno, muchos sabíamos que se
vendría la oscuridad sobre nuestra querida patria. Era evidente entonces
y lo sigue siendo hoy, que quienes pretendían ser gobierno no tenían
las capacidades ni las habilidades para administrar el país. Ellos
ironizaban y aún lo hacen, con eso de que tener estudios no garantiza un
buen gobierno. Que da lo mismo si son o no profesionales los
gobernantes, porque mire usted, nos dicen, hay malos gobiernos
encabezados por profesionales. Luego, la falta de experiencia y la
posesión de estudios mínimos, no es relevante para ellos. Lo importantes
es la política, que todo lo vendría a solucionar. Entonces, buena parte
del país se encandiló con ese discurso. Y eligió a quienes eligió. Mala
cosa.

¿Será
cierto que da lo mismo tener o no tener estudios si se puede llegar a
las más altas magistraturas del país no habiendo hecho nada relevante en
la vida? ¿Qué pueden hacer los profesores del país cuando animan a sus
alumnos a estudiar y esforzarse en la vida, si el ejemplo de las
autoridades va en el sentido opuesto? Pero el país entendió que
entregarle el mando a un grupo de jóvenes inexpertos e ideologizados no
era un peligro. Esperemos que estos dos años transcurridos sea una
vivencia lo suficientemente fuerte para que el país entienda que nuca
más, se deben rifar los destinos del país. El precio está siendo
demasiado caro para la actual generación y especialmente, para las
futuras.

Una
parte importante de la sociedad despreció lo que como país construimos.
Un 30% sigue anclado en ese desprecio. Pero el presente es
desalentador y recuerda aquella parte del tango que dice “Ahora, cuesta
bajo en mi rodada / las ilusiones pasadas, yo no las puedo arrancar/
Sueño con el pasado que añoro/ El tiempo viejo que lloro y que nunca
volverá”. Vamos cuesta abajo. No se puede tapar el sol con un dedo. No
se pueden poner puertas al campo.

Pareciera
que el asesinato de ex militar venezolano no hiciera reaccionar a la
sociedad. Es tan inmensamente grave lo sucedido y grave también la
reacción de las autoridades, que es posible que nada nos pueda salvar de
convertirnos en un botín de las mafias internacionales. Los asesinatos
ya son pan de cada día. Homicidios crueles y sanguinarios. Niños muertos
a balazos en las calles de las ciudades. Es cosa de tiempo para que
esos fenómenos lleguen a las regiones más tranquilas, que por
tranquilas, están más desarmadas y expuestas a esos flagelos.

La
pregunta es cómo detener la rodada. Pues para volver a ser lo que
fuimos, primero hay que detener la desintegración a la que asistimos
como país ¿Habrá entonces alguna fuerza política capaz de acometer tan
gigantesca tarea? ¿Tendrán la valentía para enfrentarse a fuerzas
delictuales que poseen ayuda internacional? ¿Respaldará la sociedad las
acciones necesarias para comenzar a erradicar a las mafias instaladas en
el país y que son una amenaza concreta al Estado chileno? Por de pronto
sabemos que un 30% del país está cómodo con lo que está sucediendo. No
los conmueven ni los asesinatos, ni la inseguridad, ni el desempleo, ni
el deterioro como país.

Cuando
la patria se vio amenazada por la Convención Constitucional, la
sociedad rechazó con contundencia la propuesta de la izquierda radical
(que son quienes hoy nos gobiernan). La unidad de las fuerzas opositoras
fue clave para tal rechazo. En estas horas oscuras ese ejemplo debe ser
luz en las tinieblas.

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