Cuidemos la vida de quien está por nacer

Se
escuchan voces en la sociedad chilena que quieren legalizar el aborto.
Abogan a favor del aborto libre -eliminar a un ser humano antes de que
nazca- sea un derecho de la mujer. Para lograr tal objetivo ya apelaron a
casos dramáticos que pueden darse en la vida. Por ejemplo, el caso de
una joven que fue violentada sexualmente y gesta un hijo del agresor, o
bien el caso de una mujer que su salud o incluso su vida corre peligro
debido a su situación de gravidez.

Ellos
saben muy bien que la disyuntiva madre o hijo es escasa. Pero insisten
en ese punto para conmover los sentimientos de las personas y
adormecerles la razón. ¿Por qué van a obligar a la madre o al médico a
optar por una vida en desmedro de la otra, y de la más débil? Cuando se
da esa situación, un médico ha de hacer todo lo humanamente posible por
salvar ambas vidas. Si una o las dos muere es por causa de la situación
médica, pero no por una acción deliberada en contra de un ser humano
inocente. Y en el caso del embarazo fruto de una violación, practicar un
aborto no tiene justificación alguna. Porque, a un caso de injusticia,
la violación, se le agrega otro, la eliminación deliberada del inocente,
del débil. No soluciona nada, al contrario, le agrega otro drama, el
del acto abortivo.

Lamentablemente ese proyecto -de las tres causales- prosperó. Sí, lamentablemente.

Para
lograr sus objetivos apelaron a la emotividad de la gente, pero no
dijeron lo que pensaban exactamente -querían aborto libre a todo
evento-, y el presidente Gabriel Boric lo dijo en la cuenta pública del 1
de junio de 2024.

Al
fin comenzó el debate en serio. ¿Qué hay detrás de todo aquello? Que la
mujer, en virtud de su autonomía, tiene derecho a decidir si la vida
que lleva en su seno siga viviendo o no. Ese es el tema de fondo.

Algunos
piensan que la vida de ellos vale más que la de un ser humano en
desarrollo, olvidando que ellos mismos pasaron por esa etapa en sus
vidas. Se les olvida que se les respetó. Esas personas para justificar
su postura faltan a la verdad. Dicen, por ejemplo, que el embrión en sus
primeros estadios es sólo un conjunto
de células. Esa es una lectura pequeña, porque en estricto rigor se podría decir lo mismo de un adulto.

Les
recomiendo que lean los libros de embriología -aquellos que estudian
todos los alumnos de medicina del mundo y de cualquier religión- que
enseñan que desde el momento de la fecundación se inicia una nueva vida
humana.

Faltan
a la verdad, también, cuando dicen que es parte del cuerpo de la madre.
El embrión tiene vida independiente, es diferente al padre y a la
madre, es un nuevo ser humano con su genoma propio y ya sexualmente
definido como hombre o mujer. El argumento de que el embrión es parte
del cuerpo de la madre es falaz. Faltan a la verdad también, cuando
dicen que legalizando el aborto se van a terminar los abortos
clandestinos. Faltan a la verdad cuando dicen que es un ser humano
potencial. Es un ser humano con sus potencialidades -que es muy
distinto-, porque si no lo ha sido desde el momento de la concepción no
lo será nunca.

Hoy,
más que nunca los médicos debiesen ser más claros en su posición en
favor de la vida. De no hacerlo, terminarán siendo meros ejecutores de
lo que la ley plantee, aunque sea inmoral. ¿Se imaginan a los alumnos de
medicina estudiando y practicando cómo realizar abortos para que sean
“seguros”? Seguros para la madre, obvio, pero a costa del feto.

El
talante de una sociedad se engrandece cuando siempre opta por la vida,
especialmente si es indefensa, vulnerable y que depende de otros.

Llegó
la hora de sincerarnos. Quienes piensan que un delito se soluciona
declarándolo legal, ¿por qué no presentan un proyecto de ley que permita
el robo en las casas con la intención de disminuir su número o evitar
que los ladrones hagan daño a la propiedad? Absurdo.

En
relación con el aborto hay preguntas bien de fondo que quisiera
plantear. ¿Acaso queremos una sociedad que haga caso omiso de que cuando
estamos frente a un embrión, por incipiente que este sea, estamos en
presencia de un

ser humano, uno de los nuestros? Y que cuando una madre se embaraza no
espera sino un ser humano, es decir, a su propio hijo. ¿No es esa
posición una abdicación a dejar que la razón ilumine los actos y no la
pasión o las ideas preconcebidas?

A
quienes están a favor del aborto les recomiendo que estudien más
biología y filosofía. ¿Acaso queremos una sociedad dónde la violencia
sea el modo de resolver los conflictos a los que puede estar sometida
una madre? Y que, por cierto, a veces son dramáticos. ¿Acaso la sociedad
le puede entregar en propiedad a la madre a un ser humano como si fuese
una cosa al punto que puede terminar con ella deliberadamente? Esa
atribución no la tiene, porque no le pertenece, tan simple como eso.

Seamos
claros, si no defendemos el más básico de los derechos que es el que se
respete la vida desde el momento de la fecundación hasta la muerte
natural, no habrá ninguna razón para conculcar otros derechos que se
siguen de este.

Aprobar
el aborto en Chile será una involución para la sociedad y ello hemos de
decirlo con claridad y sin ambigüedades. Estos argumentos de razón
quedan muy enriquecidos por la fe, que nos plantea que cada ser humano
es creado por Dios a su imagen y semejanza y que posee una dignidad tal,
que merece ser cuidado y respetado siempre y en toda circunstancia.

Por
último, es cierto que Chile es un país laico, pero no antirreligioso.
Quienes argumentan la laicidad del Estado para defender sus posturas
ideológicas, no lo hicieron cuando la Iglesia defendió los derechos de
tantas personas a las que se le conculcaron sus derechos ferozmente.
¿Por qué habrían de recordarlo ahora? Eso no se entiende y sería bueno
que lo aclaren.

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