Cuidemos las pymes

“Estoy desesperada. Ya no sé qué hacer” Hace algunos días, entre lágrimas, una locataria contaba a un medio de comunicación cómo quedó su kiosko después de que en la madrugada del martes fuera saqueado por encapuchados.

Como ella, son más de 10 mil los emprendedores y dueños de pymes que se han visto afectados con las diversas jornadas de violencia irracional sucedidas en el marco de las protestas ciudadanas, cifra que hace algunos días fue ratificada por la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH) y que, según sus sondeos, 43,3% corresponde a mujeres y 53,6% a hombres; de los cuales 78,4 % no puede retomar su emprendimiento para vender, 11,4% por saqueos y un 10,1 % por otros motivos.

Entristece y preocupa porque la violencia y el nivel de destrozos que hemos visto en este tiempo ha afectado profundamente a las pymes que son el motor de nuestra economía (50% del empleo de nuestro país es generado por estas), pero entristece aún más al recordar que detrás de estas vitrinas quebradas y kioskos saqueados, hay personas de carne y hueso que están sufriendo. Gente de esfuerzo y visionaria que hoy no tiene cómo pagar arriendos, sueldos o llevar un plato de comida al hogar. Hombres y mujeres cuya gran motivación a embarcarse en el mundo del emprendimiento, probablemente no fue solo haber visto una oportunidad de negocio, sino más bien, tener necesidad.

Es positivo que este gobierno haya desplegado esfuerzos para ayudar a las pymes afectadas. Al mismo tiempo que el sistema financiero, en particular bancos especializados en pequeñas empresas, estén reprogramando los créditos para tratar de evitar el quiebre de la cadena de pago.

Sin embargo, la situación sigue siendo crítica. Las pymes atraviesan por un problema de vida o muerte. Una pequeña o mediana empresa no puede estar detenida cuatro semanas sin producir o vender, porque si esto sucede, no tiene los respaldos económicos y financieros para hacer frente a las deudas comprometidas. Muchas de ellas no tendrán dinero para pagar los sueldos ni la continuidad operativa, así, lo más probable es que en el corto plazo, esta situación lleve a las empresas a la quiebra o a la pérdida total de su inversión.

Esta es la cara menos visible de los destrozos y desmanes que causan unos pocos en tan solo minutos, pero cuyas consecuencias determinan el futuro de una familia y de la economía de nuestro país.

En esa línea es fundamental dar señales de reactivación y de unidad que permitan sacar proyectos adelante que generen confianza en nuestros esforzados emprendedores. Y la primera condición para generar confianza es dialogar en serio, priorizando el respeto por las diferencias legítimas y aportando en el encauzamiento de este descontento generalizado, de la voz de millones que piden reformas sustanciales en orden a conseguir más justicia social.

La responsabilidad de poder llevar esto a cabo es de todos quienes somos autoridades, pero también de quienes están en la calle. Manifestémonos, sí, pero en el proceso, cuidemos el esfuerzo de nuestros compatriotas. Cuidemos las pymes. 

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