Con
mucha frecuencia en política puede que no se tenga o muchos seguidores,
pero si se aparenta una fuerza que en los hechos no se tiene, es
posible lograr los objetivos trazados. Como en un juego póker, o como
quien levanta los brazos frente a un oso para aparentar mayor estatura y
ahuyentarle, en la actividad política vale más mostrar públicamente una
mejor posición antes que tenerla efectivamente. Hoy los medios de
comunicación son funcionales a esta estrategia y por eso los candidatos
inundan de hechos “relevantes” los noticieros, y para qué decir de las
redes sociales, que sirven para sesgar una realidad o aparentar
situaciones que no son lo que verdaderamente son. Como parte de esta
estrategia, sumar apoyos de personajes públicos, de organizaciones
sociales, de partidos políticos es importante a la hora de simular
partidarios.
Por
otro lado, muchos se quejan que los candidatos no hablan de sus
programas de gobierno cuando se enfrentan en debates. Siendo así, la
mayoría de las veces no es responsabilidad de aquellos no explicitar sus
propuestas, porque se les exige en muy pocos minutos dar una respuesta a
temas densos y que requieren una lata explicación. Entonces, los
candidatos deben dejar la sensación de dominar los temas
gubernamentales, de tener mejor talante, de ser creíbles, de dar
confianza, más allá muchas veces de sus ideas.
Lo
que ha ocurrido estos últimos días con la candidatura de Gabriel Boric,
es que ha puesto en la escena pública una serie de hechos que
demostrarían que sí tiene el respaldo de la mayoría, dado los muchos
apoyos de figuras, partidos y algunas organizaciones. Además el
candidato ha debido maquillarse mediáticamente para ocultar las
demasiadas falencias que tiene para acceder a la primera magistratura.
Esto último es tan evidente que hasta él mismo debió reconocer hace poco
tiempo atrás que no estaba preparado para asumir dicho cargo. El porqué
gente con experiencia adhiere a su candidatura, que demuestra una
irresponsabilidad histórica, será objeto de otro análisis. El hecho es
que entre más demostración de fuerza que haga una candidatura, más
demuestra su propia fragilidad. Pareciera que es inversamente
proporcional el despliegue mediático con el verdadero caudal de votos y
adhesiones. La idea es sumar siglas, marcas, chapitas, pero que bien se
sabe no acumulan muchos votos en la práctica, especialmente en esta
época, en que es casi imposible que una cúpula partidaria determine el
voto de sus simpatizantes y militantes. Sucede por ejemplo en el caso
del apoyo que la Junta Nacional de la Democracia Cristiana dio a Boric,
pero que bien se sabe que su base partidaria está dividida entre quienes
saben de los reales peligros para la democracia que representa el
partido comunista, y entre aquellos a quienes les mueve una odiosidad
por la derecha.
En
el caso de José Antonio Kast, su talante de líder político le lleva a
la tranquilidad, a decir con sencillez en estos tiempos turbulentos que
“todo estará bien”. Respecto de los apoyos, el país conoce al candidato,
sabe de su honradez, de su don de gente, por lo que se sostiene por sí
misma. Por eso la declaración del ex candidato Sichel que condiciona su
apoyo a Kast al cumplimiento de nueve puntos que señala, quedará en el
anecdotario político, pues siempre se supo que quienes votaron por él,
votarán en segunda vuelta por Kast. Una muestra más de la irrelevancia
de Sichel y de los apoyos que personajes públicos otorguen, pues la
sustancia está en cada candidato y no en el tinglado que armen para su
mayor gloria.