Desde
la derrota el 4 de septiembre, el Presidente Boric ha dado claras
señales de intentar dar claridad y sentido de realismo a su gestión,
aunque ello le cueste cambiar el plan original (quizás hasta el
programa), evaluar protagonistas de su gobierno y reformular los
paradigmas personales y colectivos cambiando posturas ideológicas
previas, todo ello bajo la sorpresa, desconcierto e incomprensión de sus
propios partidarios. Mucho se ha hablado del segundo tiempo, pero
siguiendo la lógica futbolera en realidad estamos frente a una mala
planificación previa del partido, en donde no se consideraron la
capacidad de tu equipo, las condiciones de la cancha, la estrategia del
rival, ni la presión de la hinchada; todo para terminar con un gol en
contra apenas iniciado el partido, lo cual obliga a hacer cambios y un
nuevo diseño táctico para retomar el control del juego.
Sé
que es difícil para aquellos que en la última década han visto más
enemigos en la Concertación que en la derecha asumir el cambio de
contexto y tesis, pero a esta altura los partidarios de Apruebo Dignidad
deben entender que o se gobierna con la Concertación o no hay gobierno.
Y los principales responsables de este escenario fueron sus propios
convencionales. Por eso semana tras semana escuchamos la disidencia del
alcalde PC Jadue, de algunos actores del FA y sin duda de un sector
importante de militantes y partidarios de base, que ven cómo poco a poco
el Gobierno muta hacia posiciones y tesis que antes eran rechazadas.
Probablemente
mi argumentación tiene cierto grado de sesgo al ser un defensor público
de la obra de la Concertación (aun habiendo criticado su complacencia
con el modelo económico), pero todo hace pensar que el Presidente, en el
contexto actual que condiciona su gestión, apunta a una versión
mejorada de pasados gobiernos, más que a una gestión transformadora; sin
embargo, sin renunciar a sentar las bases. Y es aquí donde todos
debemos cooperar. Un Presidente Boric condicionado por la derrota
requiere la tranquilidad, claridad, mayorías y por sobre todo el apoyo
(comprensión) desde las bases, para enfrentar la administración del país
con un esquema totalmente nuevo. Esto obliga un compromiso de capitán a
paje.
Hasta
ahora hemos visto un Presidente gobernado en el rumbo que Chile y las
circunstancias requieren, aunque no sea lo que se imaginó o propuso
originalmente. Sin embargo, ello ha despertado la crítica, oposición y
deslealtad de su círculo de poder más cercano, pudiendo observarse la
falta de correlato entre autoridades centrales y regionales, entre
gobernantes y los partidos de Apruebo Dignidad, y la desinformación
generalizada de las decisiones y el nuevo rumbo en las bases militantes y
simpatizantes. Por ello se manifiestan traicionados por las nuevas
posturas, invadidos por los nuevos protagonistas, y desorientados sobre
el futuro cercano. Con el respeto que me merecen, falta asumir que el
proyecto original ya fue (porque dependía de la nueva Constitución) y
que ahora hay que avanzar en la “medida de lo posible”, pero con el
mismo rumbo original. Eso significa que será más lento el proceso
transformador, quizás no en este gobierno, pero con la seguridad que se
avanza decididamente hacia esa sociedad más justa y equitativa, más
solidaria.
Del
éxito del Gobierno y la comprensión y compromiso de las bases,
sociales, ciudadanas y partidarias, dependerá si el proyecto avanza a
una segunda fase o le entregamos la banda presidencial a la derecha o,
peor aun, a la extrema derecha. Decisiones cupulares, demorarse en
entender la realidad o no transparentar el complejo escenario, insistir
en aislar al Presidente y su gestión, y negarse a construir grandes
mayorías con diversidad y tolerancia (sin amiguismo, intereses
partidarios o electorales, sin cuotas defendidas a ultranza, sin
invitados sino socios), es lo que aún no se supera y discute
democráticamente, pero es urgente que se asuma e internalice de capitán a
paje.