De cuarenta, a cero horas

En
honor a la verdad, jamás he desconocido ser contrario a la línea
político-ideológica del presidente de la república y quienes lo
acompañan en la difícil tarea de gobernar, a cuyo poncho le falta cuerpo
que pueda dar el ancho; sin embargo nuestras diferencias no pueden ser
más grandes que el deseo sincero y desinteresado por el crecimiento y
bienestar de nuestro país, porque al menos para quien suscribe, el bien
común debe ser la prioridad al gobernar, y no cumplir con deseos
personales o de un bloque determinado.

Dicho lo anterior,
y en el absoluto convencimiento que, si al gobierno de turno le va
bien, a Chile le irá bien, desde el primer minuto, y aun con muchísimas
dudas de cómo sería su gestión, deseaba el mayor de los éxitos para esta
administración.

Sin
embargo, el paso del tiempo no ha hecho más que confirmar aquellas
dudas que transmitieron durante toda su campaña, acusando incluso a
quienes pensamos diferente de “campaña del terror”, con algunas
románticas y poéticas consignas como “que la esperanza le gane al
miedo”, cuando lo verdaderamente importante era señalar “que el
equilibrio le gane a la inflación”, “que la seguridad le gane a la
delincuencia”, o “que el trabajo le gane al desempleo”, y es sobre este
último punto donde quiero centrar hoy la atención: 8,5% promedio
nacional de desempleo para el trimestre diciembre-febrero, según informa
el Instituto Nacional de Estadísticas, llegando a 9,3% para la Región
Metropolitana, y a un 5,8% en nuestra Región, en cuyos datos podemos dar
cuenta de una promesa cumplida dentro del plan de gobierno, esto es la
reducción de horas laborales, pero no de forma gradual como celebraban
al aprobar el proyecto de 40 horas en el Congreso, sino de manera
abrupta, con cifras que van al alza, y que por decimosexto mes no da
tregua.

De
esta manera, pasamos de cuarenta, a cero horas laborales para cientos
de chilenos, cuyo desempleo es un golpe para el entorno y no solo un
problema personal, porque la dura realidad es que muchas familias
dependen de un único sostenedor, y si éste no tiene fuente de ingresos,
mal puede salir adelante su núcleo familiar.

Si
a esto le sumamos el lento y casi nulo crecimiento al que nos
enfrentamos, el panorama sigue siendo poco alentador, más aún si
consideramos que las cifras presentadas, no consideran el desolador
escenario al que se enfrenta la siderúrgica Huachipato, que en medio de
las paralizaciones que han hecho noticia en los últimos días, ya ha
comenzado un centenar de despidos.

¿Este es el Chile digno que querían instalar? ¿Era esta la formula
con la que querían equilibrar la balanza nacional? Porque yo también
sueño con un país donde la equidad sea el centro del proyecto, y que la
cancha en la juguemos, sea cada día menos desigual, pero la igualdad se
construye hacia arriba, para que todos tengan una oportunidad, donde la
riqueza tenga una distribución equitativa y no sea la pobreza, lo que
nos transforme en un igual. Si cada día más personas desempleadas
significa que ahora vivamos en igualdad, bajar el estándar de vida no me
parece precisamente vivir en dignidad.

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