En una reciente columna, el antropólogo Pablo Ortúzar señala que “solo si los representantes y los partidos se toman en serio a sí mismos y su trabajo, en vez de buscar votos a cualquier precio, el resto también lo hará. Los votantes, en tanto, tenemos el deber de no elegir ni reelegir payasos, porque el chiste, al final del día, somos nosotros, que los elegimos para reírnos, pero terminamos cosechando frustración y resentimiento. Si no dignificamos la política, no podemos esperar después que sea una fuente de dignidad para todos”(www.latercera.com/opinion/noticia/la-jiles-y-los giles/). En abril próximo tendremos elecciones en nuestro país, donde deben elegirse alcaldes, concejales, gobernadores regionales y constituyentes, de manera que los partidos políticos están insertos en este tiempo en un proceso de selección de candidatos para dichas elecciones, para luego salir a pedir el voto de los ciudadanos. En algunos partidos, deben elegirse autoridades internas. Ortuzar reflexiona que las agrupaciones políticas no deben buscar el voto a cualquier precio, no importando si sus candidatos representan o no sus ideales y pensamientos, pero que marcan en encuestas; lamentablemente esto ocurre con demasiada frecuencia. Más aún, la elección de candidatos normalmente es opaca, sin una relevante participación de los militantes. El procedimiento de las primarias ha venido en parte a morigerar esta opacidad, pero los partidos tienden a no ocuparla mucho.
En el sistema democrático, los partidos políticos juegan un rol esencial, pues son fuente de ideas y de selección de personas que ocuparán cargos públicos. Sin partidos políticos, la democracia se debilita. Si bien se mira, en todos los países donde existen autocracias y dictaduras, o no existe variedad de partidos políticos (régimen de partido único), o estos están amordazados y/o controlados por el régimen gobernante. Por el contrario, donde existe una democracia enraizada en la ciudadanía, tiende a existir una gran variedad de partidos políticos que se alternan en el poder. De ahí la esencialidad de la existencia de partidos políticos. Pero claro, pueden llegar a ser irrelevante si los partidos no canalizan ni representan el sentir profundo de las gentes. Es anti democrático incluso tener partidos con políticos corruptos o sin un sentido de la ética, que no puedan responder cuando se les pregunta si una determinada acción por ellos tomada, se ajusta o no a la ética, asilándose sólo en la legalidad de su actuar. O cuando siendo investigados por la justicia por hechos graves, no se apartan de su trabajo en el respectivo partido por prudencia y consideración a los militantes y electores, quienes presencian atónitos que sigan actuando como si nada hubiese pasado, protegidos por la cúpula directiva.
Hay que recordar que los partidos políticos se financian con dinero público, es decir, entre otros, con el IVA que paga un trabajador al comprar sus alimentos. La fe pública está en juego, y cuando ello sucede, la legislación debe tener altas penas para sus infractores, como sucede el ámbito financiero. Por ello, la responsabilidad es mayúscula y el examen que deben hacer los electores ese esencial al momento de elegir a sus autoridades internas y externas. Es responsabilidad de los miembros de los partidos políticos exigir transparencia en el actuar tanto público como privado de sus autoridades, pues la gran mayoría de ellos vive y alimenta a sus familias con el dinero de todos los ciudadanos.