Ambas son buen propósito. Podría decir que una es medio y que la otra es fin. Aunque van y vienen, persiguen un mismo fin.
Nuevas,
novedosas expresiones, no obstante son actos ya viejos, pero poco
practicados, eso explicaría por qué no se han anclado en el léxico
habitual.
Son próximas, no iguales. La verdad es que una se encuentra en la otra, o con la otra.
Descubrir
el prójimo, darnos cuenta de él, de su proximidad, de su esencia, nos
permite salir del yo, de la individualidad, para edificar un yo con un
plus, un yo y un tú, hermanados, un nosotros, primero dual y ojalá, Dios
los quiera, un nosotros plural, hermanado.
¿Qué es una? ¿Qué es la otra? Lo intentaremos (ustedes me ayudarán), yo lo intentaré, también.
El
interés legítimo por los demás que activa la empatía, el trabajar
unidos y la solidaridad es la projimidad. La verdad es que no hallo
mejor forma de ilustrar este sentimiento que evocando la parábola del
Buen Samaritano. Recordémosla:
Y
entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a
prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”
Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en
ella?” Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu
prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente, le dijo Jesús;
obra así y alcanzarás la vida» Pero el doctor de la Ley, para justificar
su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?” Jesús
volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de
Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron
de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente
bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un
samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se
conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con
aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un
albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y
se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes
de más, te lo pagaré al volver” ¿Cuál de los tres te parece que se
portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?” 2El que tuvo
compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y
procede tú de la misma manera” Lc 10, 25-37.
No
lo dudo, no lo duden. No hay mejor manera de mostrar, de ilustrar qué
es la projimidad, no solo como práctica, no solo como conducta, sino
como doctrina.
En
algunas ocasiones, cuando la práctica conversacional se ha dado, en
especial entre o con jóvenes, les he preguntado quién es su prójimo,
así, sorpresivamente. Entre desconcertados y asombrados, se han animado a
responder, de manera cierta, equívoca o dubitativa. No está mal. Luego,
reincorporados, se iluminan y se afirman, convencidos de cuán
importante es la labor de descubrir quién es su prójimo (el de ellos, el
de todos) y relevar, de mil formas, el ser hospitalario, o practicar la
hospitalidad.
Entonces, la invitación es abandonar el yoísmo, reconocernos en el tú, en el prójimo, y dar pasos firmes a construir nostridad.
¿La nostridad? La nostridad la abordaremos más latamente en una nueva columna.
Buona giornata a fratelli tutti!