De mancomunión se trata esta vez

No
solo yo, son muchas las voces que señalan cómo se ha instalado en
nuestra sociedad en los últimos decenios un profundo individualismo,
individualismo que, esta vez, ya cumplido más de un año de
confinamientos más o menos, sea en la fase que sea, les toque más a unos
que a otros, ha seguido mostrando infortunadamente su peor expresión.

El
individualismo, el egocentrismo, si no el yoísmo puro y nato campean
desde la línea de la concordia hasta el extremo austral. Exagero, pues
sé, me consta que hay muestras de solidaridad, de fraternidad, que no
necesariamente han de ser exhibidas públicamente, y que redundan en un
colectivismo, en un sentido de comunidad sin ventajas, sin prebendas que
instarían a abrigar mínimas esperanzas de cambio.

Del
yoísmo a la nostridad. Un año o poco más ya me refería en otra columna a
la existencia de la cultura del ego, a una acentuada cultura, que si no
en todos, en unos está muy asentada, a veces por la impronta de sus
propias actividades profesionales en las que imperan la métrica, la
medición de su actuar, de su rendimiento. La competencia es alimentada
por rankings, por premios, por diplomas, por ascensos, por escalafones,
si no en última instancia por mejoras salariales.

En
otros, el individualismo es más acentuado, es nato, es el de personas
que compiten desde hace mucho tiempo, no solo consigo mismos sino con el
otro, con los otros, y lo hacen, lo han hecho prácticamente sin atender
al prójimo; son los menos, pero que los hay, los hay, Garay. En este
caso, el tránsito de la cultura del ego ya se arrima a la cultura del
egoísmo.

Esa es la problemática. No abundaré en más detalles, porque me parecen odiosos.

¿De
qué se trata hoy? El tiempo que vivimos nos lo exige. Es tiempo de
aunar esfuerzos, de concordar, de asociarse, de unirse. Es tiempo de
mancomunión. Es tiempo de unirnos, de conseguir asentimientos, de unir
fuerzas, de hacer aportes. Es tiempo de solidaridad, de ayudar, de poner
el hombro, de dar una mano, sino las dos. Es tiempo de mancomunión. Es
tiempo de concordar, de acatar, de hacer caso. Es tiempo de ser
obedientes, de ser dóciles, de ser humildes, de leer bien las señas que
se nos dan, de fijar nuestra atención en el prójimo, en el tú. Es tiempo
de mancomunión.

Lo tenemos claro, ¿no es cierto? De esta no salimos solos. De mancomunión se trata esta vez.

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