Debates presidenciales

En
el terreno político, uno de los temas más comentados de la semana, han
sido los dos debates presidenciales con miras a las primarias de las
coaliciones de Chile Vamos y Apruebo Dignidad.

En
el primer debate de la semana, vimos una derecha que poco y nada habló
de programa, era más bien un intercambio de “palos” directo e indirecto
entre cuatro ex ministros de Piñera, tratando de demostrar a la
audiencia que en verdad su rol en la coalición de derecha, era menos
malo que el del resto de sus contendores. Pocas ideas, poca épica,
ejemplos inoportunos, desgaste político y mucha visceralidad disfrazada
de fraternidad política.

En
el debate de Apruebo Dignidad sucedió, en algunos aspectos, lo
contrario. Es de reconocer que el debate programático fue mayor que al
de Chile Vamos, pero acá los candidatos se sacaron poco al pizarrón el
uno al otro. Lo que si, cabe mencionar que un/a candidato/a presidencial
debe abordar siempre durante su campaña dos variables que son
fundamentales, la de la innovación y la de la gobernabilidad. La de la
innovación en el plano de las ideas acá cumplió su objetivo, y si algo
caracterizará toda la carrera presidencial, será justamente el escuchar y
visibilizar ideas de gobierno distintas a las que habitualmente
veníamos observando de otras contiendas. Por lo tanto, el principal
desafío será el de la gobernabilidad, y ahí, desde mi punto de vista,
Boric saca una diferencia con su contendor, mostrándose más dialogante y
mandando mensajes al resto de la oposición, asumiendo que la concreción
de sus ideas, requieren inevitablemente del acuerdo con otros.

Pero
lo cierto, en jerga futbolera, es que estamos recién en los primeros 15
minutos de partido, donde los equipos muestran de a poco sus cartas,
donde se analiza la táctica de los contendores y donde se comienza a
sentir el clima de juego que está por delante. Sumado a eso, faltan que
entren jugadores (jugadoras principalmente) a la cancha.

Todo
este escenario se da en paralelo a la definición de si en
noviembre-diciembre tendremos o no voto obligatorio, y con eso, una
fuerte incertidumbre sobre como se comportará esa mitad del padrón
electoral que no se ha sentido convocada a ninguna elección. Las formas
de enfrentar esta campaña serán vitales, con campañas abiertas,
cercanas, de a veces incluso escuchar más que hablar, de liderazgos
inclusivos, de quienes vienen de la política tradicional mostrar que han
aprendido las lecciones que el pueblo ha estado dando, y de esa manera
poder construir el que será probablemente el gobierno más trascendental
desde la vuelta de la democracia, uno que gobernará un Chile distinto,
que deberá conversar con la Convención Constitucional, y que deberá
encabezar las bases de un país que se resiste a vivir en el mismo
modelo, y que quiere y merece una nueva configuración de su vida en
sociedad.

Los
debates presidenciales son y serán importantes. Se seguirá requiriendo
de una ciudadanía activa y participativa, porque desentenderse de lo que
pueda pasar, traerá como consecuencia ser (o seguir) gobernados por los
peores.

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