Deberes en deuda

Los humanos somos creativos, entre muchas otras facultades que poseemos. Vamos por la vida creando: columnas, aniversarios, pueblos, países, ceremonias, filosofías, conocimiento, problemas. Asimismo, creamos no solo las circunstancias sociales dentro de las cuales nos desenvolveremos, sino que, de manera paralela, creamos las herramientas que nos permitan extender al máximo posible, nuestras posibilidades de continuar viviendo dentro de tales circunstancias. El período de vida se alarga, las ambiciones también y pueden surgir tensiones que frustran e indignan a lo individual y a lo colectivo. Hoy tenemos una sociedad que “reclama” a través de nuestras propias, singulares y discretas creaciones. Son los jóvenes de hoy quienes demuestran su disconformidad por un sistema de desarrollo y de pacto social que creamos y apoyamos, probablemente sin vislumbrar las reales y futuras consecuencias de nuestros actos. Y la preocupación, cuando la hay, actualmente se centra en temas como educación, salud, esperanza de vida y, con fuerza cada vez más creciente, en la Crisis Ambiental. Justamente son los jóvenes de hoy, los adultos de mañana, quienes están reclamando por las opciones que pueden perder de continuar así nuestra relación con el único proveedor de vida, de energía, de materia, de que dispone el Homo sapiens, es decir, nosotros. A veces, pareciera que ese único proveedor, la Tierra, reclamara a través de esos jóvenes, nuestros hijos, para que los adultos dejemos de hablar “solo de crecimiento” y pongamos nuestras miradas y nuestros sueños (si es que aún quedan) en la preservación de la condición humana, en torno a la libertad, la igualdad y la fraternidad. Quizás algunos personajes notables tuvieron la posibilidad de pensar en los deberes que esas creaciones e inventos nos imponían. Pero ante una visión de que todo se extiende infinitamente y de que todo se puede vislumbrar en un horizonte muy lejano, tal parece que la palabra “Deberes” ha quedado supeditada a otra que nace probablemente bajo el mismo ideario: “Derechos”. Desde nuestra perspectiva masónica, los deberes están asociados con afirmaciones éticas que son inculcadas a través de un proceso docente, inductivo y gradual, formante e informante de la conciencia del individuo y de lo cual emergen nuestros Derechos. Cuando hablamos de “deberes” estamos haciendo referencia a la necesidad de incorporar en nuestro ser y en nuestro quehacer, aquellos elementos que nos permitan asumir nuestra responsabilidad sobre lo que ocurre en la complejidad social de nuestros tiempos, para así contribuir positivamente a abrir opciones de futuro en un mundo que no es infinito. De la mano de los derechos y también de los deberes, es posible que todo individuo humano tenga la oportunidad de alcanzar la felicidad como evidencia final de su realización única e irrepetible. Y esto representa una posibilidad cierta de pagar, aunque sea en parte, nuestras deudas derivadas de fracturas que provocamos en los grandes proyectos humanistas.

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