Decálogo de la derecha en Chile

La
derecha chilena se reconoce a sí misma como defensores de los valores
patrióticos, católicos y por, sobre todo, de la economía de libre
mercado. Dogmáticamente poseen una homogeneidad cultural propia,
adaptada por una clase de creencias morales inconmensurables de origen
cristiano católico, además de asentarse en el poder por medio del
ejercicio práctico del poder político o socioeconómico. Es más, la
derecha es primeramente capaz de responder por cognición y luego por la
violencia cuando su existencia como élite está en inminencia, para así
asegurar su dominio cultural de Chile.

Pese
a esa homogeneidad, claramente la derecha en la actualidad ha ganado
tendencias de tipo populistas. Siempre se arrogan el derecho de estar
hablando en el nombre de los chilenos y de conocer sus necesidades,
buscando soluciones conquistables y rápidas, ocupando los derechos de
los ciudadanos y algunas ideas que proceden de la izquierda
administradas a su favor. De alguna manera tratan de enseñar con la
participación ciudadana o con mecanismos prestados, una imagen más
democrática.

Además,
de manera similar a como la izquierda tiene disposiciones anárquicas
producto de su dispersión, la derecha también asume una tendencia
integrista, autoritaria o fascistas latente, que constantemente tiene
que controlar. Ejemplos de ello se ven en José Antonio Kast y los otros
grupos de extrema derecha, que generalmente personifican a la derecha en
Chile que sigue conviviendo con su pasado, sobre todo a ese tiempo
cuando se validaron por medio del uso de la fuerza.


Otra de sus características principales es tener líderes absolutamente
personalistas. Muchos de ellos reconocidos por mezquinos, sus potestades
son más que el partido donde participan, y como los partidos son
desestructurados, no se ven los movimientos de masas, sino el líder que
los mueve. Sin embargo, por más esfuerzo populista que intenten, los
partidos de la derecha como la UDI, RN, Evópoli, Republicanos no lo
concretan plenamente, más bien lo han logrado a medias.

Casos
como Piñera, Matthei, Kast, Desbordes, Sichel y otros, tratan de
mostrarse como en un aparador de líderes políticos personalistas, seguir
estilos propios más que las ideas de bloque.

También
destaca su egoísmo intelectual, es que están tan convencidos que todo
lo que ellos piensan y hacen es una verdad absoluta, que saben lo que
nos conviene o lo que nos hará bien como país, que se han adherido un
poco a las ideas de izquierda y a las de centro. No pueden compartir las
ideas de adversarios políticos o de competidores del mismo sector, pero
sí los de otros.

En
lo político es donde mejor se expresa este egoísmo intelectual, con un
escaso o poco trabajo político ideológico. Solamente existen ideas
políticas de derecha ligadas al pinochetismo, a las ideas de Jaime
Guzmán o autoritarias. La democrática bien se puede reducir a la postura
de Jorge Alessandri, una postura desaparecida tras su gobierno. Tampoco
existen los paradigmas modernos de la élite europea, porque están
representados por líderes personalistas que no les dan cabida, ni
difusión. El egoísmo mencionado impide que crezcan en esta área.

En
suma, como consecuencia de un discurso sin contenido están limitados a
no crecer en electorado, limitando su desarrollo ideológico que acaba
dirigiéndose a los mismos electores de siempre. Si la derecha sube o
gana elecciones es por la depreciación de las distintas izquierdas o del
centro político y no por sus propios méritos, por discurso o
proposición intelectual. Hay muchos dirigentes de derecha que son
reclutados en el deporte, en la farándula, en las artes, o en las
familias de un dirigente; se repiten apellidos ampliamente conocidos y
famosos que carecen de una ubicación temporal, haciendo de la política
una profesión para ellos que no permite evolucionar la ideología.

Finalmente,
la característica más distintiva es la antropofagia o flagelación.
Ellos se autodestruyen como bloque, se hacen zancadillas mutuamente. Si
bien se da en todos los sectores, su inquietud por el poder los lleva a
esta actitud que los perjudica internamente, como se ve al presente en
la discusión para elegir a los candidatos a alcaldes y gobernadores.

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