Las
minorías sociales podríamos definirlas como grupos que poseen ciertas
características específicas, con ideologías, actividades o condiciones
particulares, pero que no están en una posición dominante. Estas
conviven con el Estado como grupos cordiales, muy condescendientes y de
larga relación con el mismo. Y como consecuencia de estas
características, estas minorías siempre están expuestas a la
marginalización o a la discriminación, fortaleciéndose como grupos solo
en la exigencia permanente del respeto por sus derechos.
Estos
derechos, consiguen recibir fuertes apoyos de sectores políticos para
brindarles protección, tanto ideológica como material. No obstante,
queda siempre entredicho cuánto de ello es política real o cuánto es
populismo. Frente a esto, se distinguen quienes objetivamente sienten
estos principios como propios y defienden efectivamente todo lo que se
conoce como minorías, de quienes lo utilizan simplemente como bandera de
lucha para obtener el mezquino, pero tan codiciado voto electoral.
En
otras palabras, estas propuestas políticas que apelan al beneficio de
las minorías sociales, se caracterizan por ser de difícil aplicación,
irreales para la mayoría, buscan persuadir como un canto de sirena,
sobre todo apelar a los sentimientos y necesidades del elector
específico para conseguir su voto, para después decir “usted vote por
mí, que yo lo defiendo como un león”.
Por
el contrario, hay que saber aguisar esta sopa, darle veracidad,
fluidez, consistencia al debate que va más allá que conseguir el voto
por el voto. Para ganarlo se requiere evidentemente de un trabajo
político, ideológico, de un análisis de discurso, de estudiar el
lenguaje más allá de las palabras, sobre todo de propuestas realizables
que se mantengan a largo plazo. Entonces, si lo que mueven estas causas
es el populismo, cuál es el límite permisible de este y de las ideas
sociales progresistas (más bien ideales integristas o humanistas, porque
se persiguen desde una perspectiva más amplia de la sociedad, con el
fin de integrar a todos lo que no son integrados).
En
pocas palabras, los límites son las ideas viables, lógicas y
permitidas. Al mismo tiempo, tenemos que entender que no sirven de nada
las ideas si solamente quedan como un discurso político, sino que
pretendemos ver políticas concretas, medidas implementadas que marquen
la diferencia.
Qué
es lo que hacen los partidos políticos, los antiguos, los
tradicionales, los modernos, inclusive los que están en el gobierno,
ante estas minorías, ¿aplican políticas como se esperan?. Y por qué no
decirlo, qué hacen los partidos del Frente Amplio (FA), ¿en realidad
interpretan a todos los sectores, grupos y electores que dicen
representar? Sin profundizar mucho, objetivamente no lo hacen.
Ahora
bien, como convertir este ideal de defender las minorías sociales en
una política concreta. Según la Realpolitik, (frecuentemente utilizados
para distinguir las políticas realistas de las políticas exageradas),
tal vez es menos idílico de lo que pensamos y sin duda complejiza mucho
el escenario político actual. El populismo nunca asume que algunas cosas
se pueden hacer y otras que no. El problema radica en el electorado,
muchos de los ciudadanos y ciudadanas que conforman el electoralismo de
una democracia representativa votan por ellos por lo prometido en
campaña, esperando un cambio.
Sin
embargo, los partidos políticos no te cumplen, y en teoría son los que
deberían captar los problemas de la ciudadanía. Según la teoría de
sistemas y la teoría de partidos políticos, estos son los que deben
captar las inquietudes, necesidades, los problemas de la gente y servir
de retroalimentación positiva para llevarlo al sistema político, a los
gobiernos y al congreso para que den las soluciones, entregando
respuestas.
Pero
la falta de credibilidad, la demagogia, el populismo, por no cumplir
con las tareas asociadas al quehacer político, las minorías les está
concediendo cada vez menos validez y deja de verlos como interlocutores
válidos. Porque estos individuos no van a cumplir con nuestras
necesidades, sino las propias. Terminaremos como siempre esperando, y si
no hay cambios, seguirá aumentando la crisis de gobernabilidad.